
Bolivia fue un terremoto, y como tal, repercutió en toda nuestra Sudamérica. Los violentos enfrentamientos entre partidarios del presidente Evo Morales y autonomistas dejaron, según cifras oficiales, cerca de 30 muertos y un centenar de heridos.
Quizás no se puedan entender, o se consideren irracionales, las sangrientas manifestaciones políticas acaecidas. Pero lo que se discute no es una simple resolución ministerial, sino un cambio estructural del sistema político, amparado en la redacción de una nueva Constitución. Es una reconstrucción de la identidad boliviana en base al reconocimiento de nuevas entidades. Los grupos aborígenes pasan a ser verdaderas naciones dentro de una gran comunidad. Respecto a esto, hay quienes aplauden la iniciativa porque lo consideran un acto de justicia histórica. Otros, ven peligrar la unidad comunitaria, imaginando dicho acto como acrecentador de divergencias inter-subjetivas. Continuar leyendo »


