Tras los cambios de la sociedad que sobrevinieron a los 90, los clubes y sociedades de fomento se van adaptando a una nueva realidad. Con nuevas actividades, las asociaciones resurgen como eslabones necesarios

Como ha sucedido en muchas ocasiones en la historia, toda crisis económica estructural va de la mano con resquebrajamientos de los tejidos sociales. De esta manera, aparece la marginalidad y los cambios se precipitan. De este marco, San Martín no escapa.

Sin embargo, hay entidades que fueron cambiando y adaptándose a los nuevos tiempos. Clubes que se enfrentaban por las competencias deportivas, sociedades de fomento que llevaban cloacas o construían bibliotecas, hoy, en un escenario difícil se renuevan, se revitalizan y redoblan el esfuerzo para estar presentes en el acontecer comunitario.

ITALIANOS AGRADECIDOS
 
La Asociación Belverede Maríttimo, surge en el año 1987. Belvedere es un pueblo de Italia. En una visita al país del Intendente del pueblo, se acerca a otros paisanos y les propone formar una asociación. “En 1990 nosotros adquirimos este predio. Prácticamente no había nada, sólo una casilla, donde vivía la casera. A partir de ahí, con la colectividad empezamos a hacer almuerzos, en ese momento la gente colaboraba muchísimo”, cuenta José Banditto, presidente de la institución.

Construyeron un salón de fiesta para 500 personas, inauguraron una capilla dedicada a San Danielle –Santo de la comunidad belvederese-, un parque con 36 parrillas individuales, y los bancos de cemento para 350 personas. Mantener una estructura de tal magnitud cuesta mucho, según Banditto, quien hace referencia a los centros de jubilados. “En su momento tenían más apoyo. Pero hoy tienen que poner mucho dinero para poder mantenerlos. A nosotros nos pasa exactamente lo mismo. Todo lo que hacemos y todo lo que esta hecho, es a puro sacrificio, muchas veces es por el bolsillo de uno”.

El presidente de la asociación afirma que cuando empezaron con el proyecto de constituirse, pidieron ayuda para conseguir los ladrillos. Era otra época. “Cuando hicimos el salón, averiguamos cuanto salía el m2 de mosaico, y en un almuerzo pudimos conseguir todo lo que necesitábamos. Hoy gracias que se puede pagar la cuota. Porque las cosas cambiaron”.

Durante el siglo pasado, oleadas de inmigrantes que escapaban de guerras llegaron a nuestro país. Los recuerdos que sobrevienen en el imaginario de los socios italianos del Belverede, reproducen los cruentos sucesos de la 2da guerra mundial. Sumados a quienes arribaron durante atrocidades pasadas, formaban asociaciones, cuya principal misión era mantener la cultura y la identidad de su pueblo. Sin embargo, hoy se abren para brindar espacios de sociabilidad necesarios.

Su tarea para la comunidad se centra en actividades culturales:”Hace dos años que trabajamos con la Secretaria de Cultura de San Martín. Se ofrecen cada 40 días, actos culturales. Estuvo el Ballet de Tílcara. Constantemente estamos en eso. Trabajamos con la comunidad y con la comuna, con todo lo que se pueda hacer acá y pueda ser útil a la comunidad”, indica Banditto.

Ubicado en José León Suárez, el Belvedere ofrece la práctica de deportes. Las artes marciales son las más elegidas por los casi cien chicos que las practican. También ofrecen clases de yoga, un taller actoral, tango y folclore. Las personas pueden acceder a estos servicios con una cuota de 5 pesos para asociarse y 10 pesos para el maestro.
EN LAS ZONAS DE EXCLUSION
 
Adentrándose en los sectores mas postergados, encontramos a la Sociedad de Fomento de Villa Hidalgo. Es otra la realidad que contornea a esta institución, presidida por José Chávez. Ubicada en la calle José Hernández, tan solo unas 8 cuadras la separan de un asentamiento con millares de personas que viven bajo la línea de pobreza. “El barrio esta dividido en dos. A seis cuadras hay un dispensario, que esta manejado por Defensa Civil y hay un centro comunitario. Acá vienen cuando en el centro no lo pudieron ayudar”, señala Chávez.

La sociedad de fomento se maneja apolíticamente, quizás por eso a veces se dificulte recibir ayuda. “Hay subsidios de la municipalidad de 1000 o 1500 pesos. El problema que los trámites son bastante engorrosos. Hay que entregar muchos papeles, balances”. De todas maneras, así como en el Belverede, construyeron un salón de fiestas que lo alquilan a 200 pesos para poder mantener su estructura.

Como su nombre lo indican, las Sociedades de Fomento, promovían en su etapa de apogeo la solución a necesidades barriales. Cloacas, luminarias, cuestiones centrales de una sociedad que se encontraba en pleno movimiento durante la primeras décadas del siglo 20. Hoy, como se ha dicho, los problemas se han multiplicado por miles y las condiciones de la comunidad, requieren mucha energía, dedicación, y solidaridad para poder revertir la situación.

Si hay algo que condiciona a la funcionalidad de un lugar, sin duda que es el entorno. Por eso, Chávez explica que para aportar algunas soluciones a los problemas de la gente, ceden el lugar para actividades de ayuda.” Nosotros prestamos el club para la distribución de bolsas de comida. Se lo prestamos a la gente de desarrollo social del Municipio por la inundación del arroyo, también para la entrega colchones, zapatillas. Siempre que se necesita la Sociedad de Fomento para un acto social, para la misma gente del barrio, cuando a veces hay que operar a un chico, la prestamos”. Son muchas las insuficiencias en el barrio, entre ellas, muchos abuelos no estaban jubilados. Por medio de gestiones que se hicieron desde la Sociedad de Fomento, esas jubilaciones se han conseguido.

Además del salón, la entidad tiene una cancha de “baby” fútbol. En ella a lo largo de la semana, se divierten más de 120 chicos de la zona. “El aporte de los padres, es muy importante, de esa manera se mantiene el club. Estamos cobrando una cuota de 5 pesos de socio. De los 5 pesos de los chicos, pagamos seguro de vida, servicio de emergencia para todo el club y el micro para el padre. No nos queda casi nada, mas o menos 1 peso por chico”, afirma Chávez. El equipo esta federado, y ha ganado varias copas en las distintas clases.

Hay por cierto una gran colaboración hacia el sector educativo. Sabido es que las zonas más pobres del conurbano, sufren altos niveles de deserción escolar. “Se presta el club para la escuela nº 65, donde vienen a hacer las clases de educación física. También se ofrece un curso de apoyo escolar con un grupo de profesores.”
OTRA REALIDAD, EN EL CENTRO DE SAN MARTIN
 
Hace no tanto tiempo, los clubes de barrio dirigían sus acciones a determinado grupo social. Los deportes competitivos generaban incluso conflictos entre ellos, recelos. Ellos formaban parte de la vida cotidiana de la sociedad.

Familias enteras se asociaban, o incluso participaban de las comisiones directivas. Aunque no han desaparecido del todo, sin duda que los clubes deportivos tuvieron que acomodarse a los nuevos tiempos. Las modas de las canchas de paddle, o en la última década, la aparición de gimnasios para tonificar los cuerpos de acuerdo a la moda, volvieron anacrónico el papel que tenían los clubes. Por otro lado, la crisis económica hacía imposible pagar las cuotas de socios, siendo este rubro uno de los primeros en ser recortados en las familias de la clase media.

Muy cerca de la Municipalidad se encuentra el Club General San Martín. Ya hace casi 10 años que el club se encuentra en un proceso de cambios. Gabriel Minuet, secretario del San Martín, explica que el club ha abierto sus puestas hacia fuera. “Modificamos el estatuto. Tenemos los socios activos, las damas, o la categoría de cadetes. Agregamos la figura de Socio Deportivo. Esto significa que no esclavizamos a gente que todos los meses tenga que pagar una cuota social, sino que pague por lo que quiera hacer. Porque sino realmente estos clubes no se pueden mantener”.

Gracias a la incorporación de los socios deportivos, pasan mensualmente por el club más de 1500 personas, que aprovechan a un bajo costo –teniendo en cuenta la ubicación- las actividades que ofrece la entidad. “Si nos quedábamos cerrados, entre nosotros, terminamos siendo 4 viejos jugando a las cartas en el saloncito”, supone Minuet. De todas formas, el San Martín cuenta con 70 socios activos, que participan de la comisión directiva.

La actividad mas escogida es la natación. La gran cantidad de horas laborales, en condiciones tan poco saludables y en incómodos lugares, van generando patologías como el stress, o también disfunciones cervicales. Por ello, un gran porcentaje de los 500 inscriptos para la pileta, arriban por recomendaciones médicas. El secretario del San Martín comenta que “el deporte se puede mirar de varias maneras. Nosotros, nuestra experiencia, no dice que el deporte es la base de la salud. En esto se esta trabajando”.

Durante todo el año -salvo en verano- se dan los sábados al mediodía, clases de natación para chicos especiales. Esto sin ningún costo para los padres. “Esta es parte de nuestra función. La verdad que no nos cuesta nada hacerlo y es mas, lo hacemos orgullosos. Tenemos un grupo de 30 chicos que vienen a disfrutar de las instalaciones y a hacer sus actividades deportivas”. Los sueldos de los seis profesores y los 4 ayudantes que están con los chicos, corren por cuenta del club. Incluso, debido a la incorporación de niños con estos problemas, Minuet informa que se han modificado algunas instalaciones. “Nos dimos cuenta que los chicos necesitaban un baño, preparado para ellos. Le decimos: señora tome la llave, cambie a su hijo, y a la pileta”.

La transformación fue progresiva, con la urgencia de adaptarse a los cambios sociales, en virtud de permanecer. “Antes los clubes era lo básico en la sociedad. Yo fui mucho de chico al club Las Heras. Con el tema de los privados el club fue perdiendo socios, adherentes, concurrentes. Últimamente, hay una oferta. Hay un cambio, este club es otra cosa. Supimos seguir los pasos de aquellos que modificaron el rumbo a tiempo”, asevera Minuet.

Las características de las entidades no son homogéneas. Sin embargo, se puede observar que las instituciones sociales han percibido las transformaciones que se han producido en su entorno social. Los estados municipales, con ayuda de la provincia, pueden descentralizar en estas entidades intermedias funciones de bienestar público, que se realizan de forma desordenada y poco clara. Quizás sea el momento de que aquellas asociaciones que forjaron aquella sociedad fundada en valores y costumbres, retomen un importante papel en una reconstrucción imperiosa.

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