La personalidad de Hugo Chávez Frías cautivó a muchos argentinos. Su elocuencia irónica y crítica frente a los problemas que ocasiona el capitalismo neoliberal, se correlacionó con los momentos que se empezaron a vivir en nuestro país. El revisionismo kirchnerista, hizo de nuestra Nación,  un campo apto para el cultivo de admiración hacia el enemigo de “mister danger”.

Pero más allá de las cuestiones de forma, en silencio empiezan a circular nuevas ideas nacidas en el caribe. “Empresas de producción social (EPS), instrumento para el socialismo del siglo XXI”, es un libro reeditado por la embajada de Venezuela en Argentina y de distribución gratuita.

Haimán El Troudi y Juan Carlos Monedero, son los autores del libro. El primero, fue durante algún tiempo Director del despacho presidencial de Chávez. Monedero, es un español e investigador de los procesos multipolares de las relaciones internacionales.

Desde el texto, se puede advertir la importancia que el gobierno venezolano le dedica a las EPS. Estas, son el instrumento transformador de la economía. A primera vista, estas empresas pueden ser confundidas con las ya conocidas cooperativas. Sin embargo, los autores manifiestan la necesidad de ir más allá, dado que el cooperativismo puede practicarse –y de hecho se hace- en sistemas capitalistas.

“Las cooperativas, no están obligadas a entregar aportes específicos a la comunidad, sino que distribuyen sus excedentes entre los miembros que las conforman. Sus productos deben ser ofrecidos en el mercado. Las EPS, en cambio, dedican parte de sus excedentes a la creación de nuevas EPS. Su principal producto es el bienestar social, materializado en obras concretas en las comunidades donde se establecen”. Esta categorización, afirman los autores, hacen que las EPS sean el elemento crucial rumbo al socialismo del siglo XXI.

Chávez, desde su programa Aló Presidente, afirmó que las Empresas de Producción Social son “aquellas entidades económicas dedicadas a la producción de bienes y servicios, donde el trabajo tiene significado propio y no alienado”.  Parte de esa alienación, se materializa en la mercantilización de la existencia. “Al comercializarse el mundo, todo se torna y es aceptado como mercancía, sea el ocio, el trabajo, la vivienda, la amistad, el sexo, la educación o la salud”, reflexionan los autores.

Por otro lado, como justificación de la necesidad de las EPS, los autores reparan en la ya clásica teoría de la plusvalía marxista. Este quizás sea uno de los puntos más discutibles. Muchas empresas recurren a la explotación, por la propia malicia del empresario. Pero otras, incluso en tiempos de crisis, pagan sueldos dignos, facilitan horarios para que sus empleados puedan estudiar, entre otros beneficios.

Algunos países capitalistas, acomodaron el Estado de Bienestar a las nuevas pautas. De esta manera, pueden ofrecer educación, salud pública y seguridad, de primer nivel y para todos sus habitantes. Lograron un sentimiento de philia, de convivencia política.

Este socialismo que inspira a El Troudi y Monedero, y que propone Chávez desde Venezuela para todo Latinoamérica, necesita además un cambio en la mentalidad del hombre moderno.  Del consumismo que marca el compás de las grandes industrias –entre ellas la del petróleo que vende el propio Chávez- se pretende pasar a una era de satisfacción de necesidades reales.

Es cierto que el anquilosado sistema capitalista necesita una renovación. Sin caer en autoritarismos jurásicos que profundicen el malestar social, es posible encausar a las empresas hacia el bienestar del pueblo. En una realidad ahogada por planes clientelistas que denigran el trabajo y promueve la holgazanería, las EPS pueden esparcir la tan olvidada solidaridad. 
 

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