Fue difícil decidir si empezar esta nota en primera persona, quebrando las “Leyes” periodísticas. Pero mi experiencia en los institutos para ciegos que recorrí, para tomar testimonios, fue impactante. Cuando salí del hogar-escuela Román Rosell, empecé a ver las cosas más simples. Y son esas cosas simples las que perdemos de vista. La puesta del sol, las palmas de mis manos, el espejo, todas estas imágenes se rescribieron en mi memoria. Pensar en perder la vista me hizo ver con más detenimiento los rostros de mis padres y hermanos, y revisar las fotos de la secundaria.

            Nacer ciego seguramente es algo horrible, pero más aún quedar ciego. Horacio Rodríguez  y Ana Polka, son psicólogos del Román Rosell, un gran centro de rehabilitación estatal de la localidad bonaerense de San Isidro. Allí  atienden a los 22 no videntes, o disminuidos visuales, que están internados.  Polka  dice que este tipo de ciegos quedaron  afuera del aparato productivo: “Se sienten con menos recursos. Es un sentimiento de impotencia. Quedas afuera de todo”.  Rodríguez está de acuerdo con la licenciada pero cuenta que el sufrimiento del que queda ciego es mayor: “Tiene una experiencia de pérdida. Perder la posibilidad de ver a las personas que querés es perder algo que formaba parte de vos.  Entonces aquel que tuvo un tipo de experiencia que ahora no puede volver a tener es muy doloroso.  Por esa experiencia no pasa el que nació ciego”.

            Antonio tiene 74 años y es uno de los internados del instituto San José, de la localidad de San Martín. Este jubilado italiano comenta la lucha cotidiana entre su memoria repleta de viejos recuerdos y la cruel realidad: “Yo tengo un hijo varón y otra mujer. Son grandes, tienen más de 30 años, pero yo todavía los recuerdos chicos. Los toco y son más grandes que yo”, cuenta Antonio con una mirada borgeana, perdida en el espacio.

Se dice que los pequeños problemas, con el tiempo, se vuelven incontrolables. Y la mayoría de esas trabas se acarrean desde la niñez. Por eso, para entender bien cuales son las diferencias entre quedar ciego y nacer sin visión, hay que hondar en la simbiosis familiar. La calidad de los vínculos familiares, son los que determinarán al individuo.

  Desde chicos

      Lo que sucede en muchos casos, cuando el padre se entera que tiene un hijo ciego y se escapa.  Está menos en casa, como si negara lo que es el hijo y todo lo que vino con él. “En realidad son las frustraciones ante las expectativas que el padre mismo tenía. Todos los padres esperamos que nuestro hijo nazca sano.  El dolor no es tanto por lo que el chico es, sino por lo que  no fue en nuestras cabezas de padres”, explica Polka.

Cuando la persona queda ciega  es un drama para todos, incluyendo al individuo. En el primer caso los problemas le viene desde la familia y luego del mundo exterior. Cuando alguien queda ciego, se siente acostumbrado a vivir con la vista, que es el principal organizador en cualquier ecosistema. Queda paralizado, asustado.  Rodríguez explica: “Ahí si, la situación es desorganizadora hasta para el chico. El primero de ceguera  es muy duro, un duelo, una terrible situación traumática. Caen en depresión, lo normal es que se angustie, que se ponga mal”.

Rubén Avellane es un interno del Román Rosell. Parece un hincha de River feliz. Junto a su tutora (también no vidente), pasean todos los días por los jardines del hogar. Rubén es un diabético insulinodependiente, y fue por esa enfermedad que quedó ciego. Se acuerda de los colores, y los verdes de   la castigada provincia de Tucumán. Pero de allí también se llevó una infancia más que dura: “Mi familia me ignora. Piensa que soy un inútil, pero tengo mucha capacidad para hacer cosas. Mi papá falleció, y mi mama me hizo a un costado. Ahora estoy acá porque no tengo a donde ir”.

      La psiquis y el suicidio

      Los ojos son el órgano más complejo del cuerpo humano, dado que es el que más tarda en formarse. La vista da mucha información y lo único que compensa la obcecación es el oído. Pero las sillas, los autos estacionados, un ladrón, todas estas cosas no hacen ruido. Para los ciegos, el mundo existe recién cuando se encuentra a su lado.  La ceguera no los vuelve incapaces de hacer cosas, pero sí mucho más indefensos que el resto de las personas. Los ciegos están conscientes de eso y puede generar varios problemas.

            “Lo principal es el dolor. Para que haya algún brote psicótico debe haber toda una estructura previa. En si, se vuelve loco quien puede, no quién quiere”, afirma Rodríguez.  Una persona que tiene una estructura neurótica es muy difícil que tenga un brote sicótico.  “Lo que sí puede generar es una depresión terrible, una regresión importante. Perder las ganas de vivir y deteriorarse”, agrega Polka.

            En los adultos es muy común que rechinen en sus cabezas ideas suicidas. Para una persona que tiene su trabajo y que mantiene a su familia, perder la vista sería como estar muerto,  pero con la diferencia de que seguiría  escuchando el sonido de la vida. 

“Yo al principio no quería vivir más. Estuve deprimido durante varios meses, porque yo tenía un trabajo y allí tenía personas a cargo. Entonces me veía como un invalido, un inútil. Después de un tiempo, un doctor me dijo que necesitaba una rehabilitación. ¡Peor me sentía! Porque pensaba que me iban a dejar adentro de una habitación, solo para siempre”, evoca entristecido Antonio.

            Es común que después de perder la vista, haya algunos ciegos que se encierren en su mundo. Otros, le ponen el hombro a la situación.  David Eugenio Silva,  un interno del Roman Rosell opina que los ciegos no son ni cerrados, ni abiertos: “Depende de cada no vidente. Hay  algunos que se integran mejor a los grupos y a otros que les cuesta. Depende de la voluntad de uno para progresar”. Según Rodríguez, la mayoría sale adelante, pero “hay otros que se guardan, se quedan en la cama y se terminan enfermando de cualquier otra cosa y mueren”.

“Los ciegos tienden a ser más desconfiados, pero aunque a veces no quieran le tienen que pedir ayuda al que está al lado.  El objetivo es que la persona que está ciega recupere su autonomía. Cuando el tipo logró moverse solo, recuperar su empleo, se rehabilitó”, comenta Ana Polka. 

       Los más pequeños, tienen otro tipo de personalidad. Están acostumbrados a que se les sirva todo en bandeja y se los sobreproteja. Una celadora de la escuela para ciegos “Volver a enseñar” que se encuentra en Temperley, tiene una visión diferente: “Lo que se puede decir es que a la gran mayoría le cuesta aceptar los limites. Tienden a ser muy pegoteados con sus padres”.  Según la directora de la escuela, Susana Veneziale,   “cuando logran adaptarse y superar el problema de no poder ver, son personas con una fuerza de voluntad sorprendente y transmiten una actitud de buen humor envidiable”.

             Los que ven, suelen soñar por la noche con cosas que les ha pasado en el día. Para los que quedaron ciegos, los recuerdos parecen ser la única oportunidad de volver a ver, aunque no sea en el mundo real.

  Los sueños

      El que nunca vio no sueña con imágenes, pero puede que tenga unos efectos de una estimulación interna. Como los sueños de los fetos. Todavía no han visto nada y hay imágenes. “Las personas que se quedan ciegas, a medida de que va pasando el tiempo, empiezan a desaparecer los sueños con visión y empiezan a ser sonoros y táctiles. Pero cada tanto tiene sueños con imágenes. Los padres aparecen muy seguidos en los sueños”, cuenta Polka. 

Cuando alguien está soñando, puede que se la vea moverse o se lo oiga hablar. Se involucra el cuerpo y lo sensorial. Los que ven, tienen todos los sentidos y en los sueños está ese soporte sensorial.  El ciego se apoya  en lo auditivo y táctil. El que quedó ciego, puede que a veces recurra a imágenes que le quedaron en la memoria.  Pero tiene un duro trabajo, porque debe reconstruirlas. Porque la memoria no es algo tan fiel como una foto.

Julia Nazareno está internada en el hogar San José, perdió la vista a los 27 años debido a la diabetes y hoy a los 52 , comenta que es los que ve en sus sueños: “ Hay personas que recuerdo. Sueño mucho de cuando estaba trabajando. Sueño mucho con los noviazgos que tuve. Cuando uno estaba haciendo el amor. Porque lo bueno de los sueños es que uno los siente, lo mejor son las sensaciones”.

“Esta dentro del mecanismo de los sueños. Tiene mas que ver con los deseos insatisfechos, la constelación psíquica y lo que le está pasando a la persona. El sueño tiene una cierta continuidad con lo que uno es. También tiene una cierta arbitrariedad. Los sueños a veces son delirantes, ridículos abstractos”,  explica Rodríguez.

  Habilidades

      Quién no se golpeó por la noche con una silla que estaba en el camino hacia el baño. O con una puerta entreabierta. O con la cama, cuando el dedo gordo del pie impacta de lleno contra la madera, activando el centro creativo del cerebro para maldecir infinidades de veces y a los gritos. Seguramente que en un cuarto oscuro, los ciegos sacarían mucha ventaja. Por ejemplo, en el instituto Román Rosell, los internos practican equitación, juegan al fútbol, pintan cuadros y hacen jarrones de cerámica.  ¿Podría hacer usted este tipo de actividades con una venda en los ojos? Bueno, los ciegos además están capacitados para hacer muchas otras cosas mas.

“Los ciegos tienen una memoria con la audición impresionante. Yo digo hola y ellos dicen, que haces Horacio.  Y capaz que no los ves hace seis meses o dos años. El trabajo que hacen cotidianamente es compensar la falta de visión, desarrollando el resto de sus  sentidos. La audición y el tacto”, comenta sonriendo Rodríguez.

Antonio no se queda atrás: “Yo con una par de palmadas en un cuarto me doy cuenta cuan grande es la habitación. Cuando uno se arrima a la pared, siente una corriente de aire que no es la misma. El tacto para nosotros es como la vista que perdimos. Mediante eso podemos saber si lo que tocamos es ladrillo, mosaico, cerámica, si es azulejo”.

  “Yo ya le conozco el paso a mi compañero. Le digo: “Que haces, Claudio”,  como nosotros tenemos muy desarrollado el oído yo ya sé distinguir el paso de mis compañeros o saber si es alguien que no conozco, como vos.  También podemos diferenciar a los colectivos de acuerdo al ruido de su motor. Ya sabemos si es el 343 o 407”, cuenta orgulloso David Eugenio Silva .

 No ver a los ciegos   

      Los ciegos no son todos iguales, pero en general son muy sensibles. Están atentos a todos los sonidos.   “Creo que los ciegos no somos perceptivos por el tacto nada más. Lo que pasa es que sabemos escuchar. Porque si no sabes escuchar, no sabes entender a la otra persona”, explica Rubén Avellane. José Luis, un enfermero del hogar San José se reserva una critica hacia la comunidad: ”Los ciegos ven mas que la sociedad. Ven en el sentido más comprometedor de la palabra. Los ciegos al tener bien desarrollado el oído, también escuchan más. Se involucran mucho”. En estos momentos de crisis, los oídos de los ciegos están mucho más atentos. Hay veces que la ceguera puede ser una virtud, cuando se vive en un mundo tan lleno de muerte y desgracia. Antonio, que escapó con su familia de la Italia de Mussollini sabe de eso, pero prefiere ver aunque se imagina muy bien lo que está pasando: “Lo que pueda ver, aunque sean matanzas, lo querría ver.  Pero como uno escucha, lo siente. Siento a los chicos que se mueren de hambre en Tucumán y me da pena.  Usted sabe como me duele sentir al país así”.
 

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