En este sendero va el caminante, vacilante, así como su conciencia guardada en su bolso, donde quizás lleve allí también algún recuerdo arrugado por sus manos, cautivos ante la ira. Su trabajo se diluyó cuando este fue absorbido por un lobo vestido de traje y corbata, su auto fue agujereado por plomos veloces que dibujaron un zumbido en su oído.  El corazón del pobre hombre late con menos fuerza desde que su única hija de 2 años fue penetrada por un demente de la segunda inquisición y su esposa se cortó la yugular al ver a su pequeña creación bañada en pistilo ajeno. Sin embargo sigue caminando, moribundo y obnubilado por esas imágenes que quedaron clavadas en el lugar más oscuro de su alma, esa oscuridad no le permite ver con claridad y alimenta el deseo de venganza.  Pero ni siquiera piensa ser el verdugo de aquel enfermo mal creado que dio vuelta la moneda, sino que es una guerra entre el y la muerte, esa que ronda por las veredas de la pólis buscando víctimas, la que encontró a su mujer y a su hija. Sus sentimientos se cruzan sin parar en algún recoveco de su ser confundiendo aun más las cosas. Sigue caminando, y a su alrededor la puesta en escena otra vez, de su vida, pero con otros personajes.  Los gritos se escuchan desde todos lados, disparos que salen de armas sucias y vulgares, o tal vez de traidores azules. Continúan disparando,  quitándole el respiro a miles de ovejas que creyeron en las promesas de algún predicador vestido de pastor. A los ovinos le sacan la lana, hasta que juntan un poco más, y los esquilan otra vez dejándolos pelones. Pero es así, ellos siguen deslizándose, en un manto de sangre que cubre la urbe, detrás del pastor.  No obstante, el caminante es una oveja negra que camina en sentido contrario, hastiado de la mentira. La más grande ellas, es la más antigua. Es la de un ser barbudo, y que según dicen, es justiciero. Pobres de ellos, si no hay justicia para la carne que sangra, ¿podrá haberla para diminutos aces de luz perdidos en medio de pompas de algodón? El caminante recorre el sendero, en sentido contrario a la plebe, en busca de respuestas a cientos de preguntas que genera su locura. Nadie responderá a sus inquietudes, no solo por ignorancia, sino porque los especialistas en cuentas redondas están muy lejos, ellos son responsables de esta barbarie. No soportan ver lo que han hecho, porque a diferencia de los imbéciles que han creado en todos estos años, ellos tienen conciencia. Sin embargo les regocija más ver sus cajas llenas de dinero desarraigado, en vez de la tinta roja que pinta el paisaje argento. El caminante se pregunta el por que de este desastre, el para qué del hecho, quién fue el idealista de terror y cuándo va a terminar. Ha!! falta el cómo… esta apoyado sobre él.

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