Ya tengo la lanza en la mano. Mi destino esta en la lucha. Esto me hace evocar a los soldados romanos, que estaban al frente de las filas, sabiendo que en unos instantes iban a morir.  Ellos tenían su arma en la mano, pero nada sabían del arte de las espadas, reservadas para una elite. Yo tengo mis palabras, y se conoce que muchas veces no las sé usar bien. Pero así como el soldado romano, estoy dispuesto a luchar, aunque se acelere mi desenlace.  Hoy comienza mi lucha contra la ignorancia, contra la despreocupación. El campo de batalla podrá variar, pero una vez que se tiene la lanza, hay que luchar.  Porque esperar que la muerte llegue, es algo que la mayoría hace. Pero ir a su encuentro, involucra una actitud de vida.  La ignorancia puede tomar varias formas, mi enemiga es la que reina en las personas que pueden poder observar el caos de la realidad, y encontrar allí mediante la abstracción de los fenómenos, la decadencia en estas latitudes, la ruinosa escenografía, el legado de la indiferencia.  Las persona que ignora, es posible que no conozca la existencia de los componentes de la decadencia.  Pero la que es indiferente, tiene la voluntad de negarla, lo cual la convierte en cómplice. Cómplice de la destrucción que aqueja al mundo, de la futura caída a un pozo, cavado por ellos mismos.  Pero al cómplice, también se lo puede considerar un traidor, si es que las acciones de ese sujeto, son antagónicas a las luchas que emprendemos hacia nuestro fin ultimo. Yo no seria tan extremista de decir que los otros, son el infierno. Pero podría afirmar que lo son, una gran cantidad de ellos. El infierno esta aquí, y su ejercito mas temido es el de los ciegos, los que no quieren ver, los facilistas que se tapan los ojos, por miedo, por cobardía. El humano es cobarde en esencia, por el terror hacia lo desconocido, lo absoluto. Pero el que es cobarde hacia lo existente, lo finito, el que pretende no conocer, ese es el enemigo de la realidad en su caos.  Me refiero a los que dicen que nuestras tierras están en CRISIS. Y no es para nada así. La decadencia desborda, solamente con abrir los ojos. Es como el dolor y la enfermedad. Si apuntamos al dolor, y lo acotamos con una anestesia de entretenimiento, pareceríamos estar sanos. Pero el cáncer de la decadencia, que es la enfermedad, se ramifica hacia todos los estratos de la comunidad.  De repente nos encontramos con él ultimo suspiro, pidiendo clemencia, arrastrándonos, deshonrándonos.  Para poder encontrar la cura de una patología, él medico inicia un proceso de estudios, para llegar a un diagnostico acertado. Eso es darse cuenta de la decadencia, tomar conciencia de ella.  De lo contrario, estaríamos recetando aspirinas a la leucemia, o siendo un poco mas realistas, cianuro al moribundo.

Anuncios