Demasiadas veces he estado molesto con mi pasado, que no puede descansar en paz. Me replanteo cosas que inexorablemente no se podrán arreglar. Pero parece que a la distancia del tiempo son distintas, se han deformado.

En aquel tiempo pensaba que las cosas pasan sin querer, que uno no tiene la posibilidad de cambiarlas. Pero hoy día me culpo de todo lo que me ha pasado. Me entristezco al no poder cambiar las cosas hechas. Pero lo loco es saber que aunque pensemos que no tenemos responsabilidad de lo que nos ha pasado, sin duda que esas cosas tienen mucho que ver con el presente.

Somos lo que no queríamos ser en el pasado, somos nuestros peores miedos, nuestras pesadillas. Esos viles pensamientos se convierten en realidades, palpables, indiscutibles, y sobreviene la culpa.

Llega un momento en que ya no se puede soñar, no se pude uno imaginar que es lo que va a ser en el futuro, porque ya somos lo que no queríamos ser. Nuestra derrota ya estaba atravesada en el camino, nadie la pudo sacar.

Y sobrevuela la idea de la muerte. Empatar la vida, ya que no se pudo ganar. De un lado estamos nosotros y del otro el destino. Pensar que no hay nada después de la vida, ni antes de ella. Pensar que somos el sueño de algún dios, como alguna vez dijo Borges. Pensar que en algún momento ese grandioso Ser se despertará y todo dejará de existir.

Pero las cosas sencillas nos hacen replantear el motivo de vivir. Ver a la gente que uno quiere, sentir, explorar el orgasmo. Pero también se replantea la muerte. Ver a la gente que uno quiere, morir, sin explicación, sin saber a donde van y a la vez estar conciente que no los volveremos a ver. ¿Para qué ganar algo y luego perderlo?, de un día para el otro, en el momento menos indicado, en el momento en el que pedimos ayuda y nadie está.

Hay que ser valiente para morir, pero también hay que serlo para vivir. Soportar los malos momentos, detenerse a analizarlos, conocerlos y aprender de ellos. Pero el miedo puede más que la valentía. Muchas veces he escuchado a personas decir que hay que vivir el hoy. Pero el ayer es el hoy, lo que fuimos nos hace como somos. El mañana es el hoy, si es que sobrevivimos. Sin mañana no hay hoy, y a la vez, no hay hoy sin mañana. Vivir el hoy, puede ser tomar los últimos respiros, de nuestra desgraciada vida.

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