En una retrospección inmediata, un golpe de estado de mi conciencia en mi interior, dividió mi ser, lo hizo pedazos. Aquella armadura que hubo de protegerme ya no está y la dócil textura espiritual de mi alma ha quedado al descubierto.

Ya hacía algunos años que las relaciones con esa voz paternalista estaban deterioradas. Quizás debido a mi necesidad de equivocarme para poder aprehender de la cadena de errores que compone mi existir.

Detrás de estos acontecimientos, subyace el imperio del hastío, sobre los golpes, las migrañas, las preocupaciones, el infortunio. Frente a esto me he desvanecido; las mitocondrias cesaron su enérgica actividad para entregarme una vez más al destino. Este, que se ha transformado en una carretilla llena de argumentos cínicos frente al ocaso de las circunstancias desagradables.

Un eterno otoño ha cubierto mi vida, como las hojas secas en las calles entristecidas y lúgubres; y reposo desgastado, absorbido, moribundo.

La erosión de mi estructura fue producida por el bravo mar del conocimiento, inagotable, demasiado grande para la comprensión humana; tan enorme que me vuelve el ser mas pequeño de la tierra. Una lucha pesada, para guerreros débiles.

Sino ¿que es vivir? más que remar en el aire, más que una caída libre interminable, más que un silencio perpetuo. Dudas contingentes me atacan una y otra vez, puertas y más puertas, que no dejo de abrir y cerrar hace tantos años. Me doblo, me retuerzo La psijé  como brasa viva, me quema por dentro.

Aquel soplo de vida que me ha movido, que me volvió realidad tras ser imaginado, se ha vuelto un huracán que me lleva al no tiempo. En ese lugar permaneceré como un eco, como un sonido más después de la gran explosión ex nihilo y allí esperaré. Para ser, para existir y para volver a escribir estas palabras.

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