Los griegos decían que un hombre caía en hibrys, cuando este manifestaba rasgos de un orgullo exagerado, de extrema confianza. Desde Adán y Eva que quisieron ser dioses,  pasando por los que intentaron llegar al cielo construyendo la Torre de Babel, muchos hombres en la historia han sido castigados por el devenir de las circunstancias debido a su hibrys.  

Si grandes líderes, estrategas y estadistas tuvieron su trágico error, por qué no iba a suceder lo mismo con Hugo Chávez Frías. El pasado domingo 2 de diciembre, el pueblo venezolano se movilizó para decidir si se le otorgaba al presidente la reelección indefinida, y se extendía el mandato de seis a siete años. El “NO” ganó por el 50, 7 por ciento, frente al 49, 2 de “SI”, con una mínima porción de votos impugnados. Ahora bien, ¿por qué tanto barullo por una diferencia tan pequeña?

 

Después del golpe de estado que sufrió en abril de 2002, Chávez decidió en 2004 hacer un referéndum, aquella vez, revocatorio del mandato presidencial. Casi el 60 por ciento de los venezolanos votó por el “NO”, permitiendo la  continuidad en su cargo. Desde aquella consulta popular, se puede observar que el apoyo popular que Chávez supo pregonar, se va esfumando.

Venezuela era antes de 1999 un país que sufría los embates de la partidocracia, de la roña política y de los que pierden el sentido trascendental de la más grande de las disciplinas porque hay que saber manejar los tiempos. Pero el tiempo nunca llega, porque ya no es la realidad la que lo marca, sino la casta que maneja el poder, los que deberían tomar las decisiones y no las toman. Con esto rompe el liderazgo de Chávez, y le da una nueva impronta a una república en ruinas.

Pero no hay nada peor que vivir en revolución. Esta es un método de transformación de las instituciones políticas, pero no debe ser un sistema de gobierno. Por otro lado, las transformaciones revolucionarias tienen un límite, que lo pone la comunidad. Después del último referéndum, ya empieza a aparecer ese límite. A los grandes líderes, se los llevó la vida útil que todo ser humano tiene. Pero Chávez, de no dar un paso atrás para dar dos más adelante, parece inclinarse por el suicidio político.

 Por lo pronto, como dice el genial Séneca: ¿En qué se diferencia, pues, la ira de estas otras pasiones? En que éstas se muestran y aquélla centellea”.  Hace unos días en una rueda de prensa con las autoridades militares, los periodistas venezolanos le pidieron al mandatario que haga un análisis del último referéndum. Comenzó con una linda historia, donde remarcaba que en los estandartes de armas, en los cuadros, donde se inscriben las glorias pasadas, hay una lumbre. Algo que ilumina. “En esa lumbre hay dos componentes, sangre y mierda. Nosotros hemos sido derrotados, pero es una derrota con coraje. Sepan administrar su victoria, porque ya la están llenando de mierda. ¡Esta es una victoria de mierda!”.  Al final de la conferencia, los militares y el comandante se despidieron con un grito, tan épico como anacrónico: “¡patria, socialismo o muerte! Venceremos.” 

El socialismo del siglo 21 parecía ser un sistema ayornado, congruente con los momentos que hoy vive el mundo, y principalmente, un sistema de gobierno para todos los venezolanos. Parecía que por fin, el bienestar social iba a llegar a un país que en 1999 tenía al 70 por ciento de su población por debajo de la línea de pobreza. En estos momentos, la república caribeña se encuentra profundamente polarizada y este nuevo socialismo parece no tener el efecto totalizador que sus ideólogos planearon. Es una comida demasiado salada para la mitad de los venezolanos.

La solución pasaría por suavizar el régimen y negociar con la oposición, en virtud de una representación política para quienes han quedado excluidos de las dádivas del movimiento. Esa clase de inclusión social que culmina en las modernas 4 x 4 que compran los que antes punteaban en los barrios marginales o en el peor de los casos, con valijas llenas de dinero que caminan solas por los aeropuertos sudamericanos.

¿Querrá Chávez negociar? Sus actitudes reflejan la negativa. El buen político debe aprovechar los momentos de fortuna y escapar de los desfavorables. Estas últimas circunstancias se están precipitando poco a poco en Venezuela. Esperemos que de las dos opciones para Chávez (socialismo o muerte) no esté eligiendo sin darse cuenta la segunda.

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