Un puñal. Una botella de cabernet suavignon por la mitad. La penumbra envuelve a ese cuerpo moribundo, de una persona que hasta hace solo un instante meditaba y meditaba. Vaya uno a saber que le sucedía. A juzgar por sus venas, indudablemente quería quitarse la vida; quizás uno de sus pocos aciertos. 

Toda reflexión tiene un inicio desde la sensibilidad de la realidad, algo que ha sucedido en verdad y que por alguna razón se transforma en una desgraciada carga en la vida de un hombre. ¿Qué fue lo que habrá visto, reflexionado este pobre para decidir semejante cosa? Quizás le hayan tenido lástima, y no lo soportó. Porque no hay nada más frustrante que la lástima. Es un desprecio hipócrita. Es posible que sea mejor el odio, la envidia, el amor….pero no la lástima. Esta es el preludio del fracaso total. Sobreviene cuando ya no hay salida, un momento antes de un disparo, de una fatalidad o del coraje suicida.

Otra posibilidad es la admiración. Sí, ¿Por qué no? Ella es fantástica cuando se correlaciona con un éxito fáctico, cuando el motivo de la admiración permite desarrollarnos ampliamente como personas, sensibles y profesionales. Pero cuando esa admiración no es más que una opinión, una maldita palabra de aliento… ¿Aliento a qué? ¿A darse cuenta del potencial? ¿Qué es acaso eso? No es más que una posibilidad, entre el éxito o el fracaso rotundo. No está de más decir que en el mundo moderno el éxito parece mudarse no solo a personas con potencial, sino además a otras que carecen totalmente de cualquier otra habilidad más de la que posee un simio. ¿Es posible que este hombre que hoy yace aquí en la oscuridad, se haya dado cuenta de esto? De ser así denota su extrema inteligencia, y su débil espíritu para seguir adelante.
Seguramente también le haya faltado voluntad, teniendo en cuenta el efecto derrame de la  economía liberal, de las posibilidades que brinda el sistema…y todas esas mentiras que se han de escuchar. Imaginemos tan solo a un hombre, con sus virtudes y sus límites de criatura. Digamos que su voluntad es caminar, pero los defectos del camino lo hacen caer una y otra vez, en medio de trompazos y patadas multisectoriales…es posible que su voluntad de seguir caminando llegue a un límite, humanamente soportable.  Y su voluntad sea ahora descansar eternamente de esos golpes.

Posiblemente cuando el ruaj movía esta carne que hoy posa quieta en este piso con una rojiza humedad, haya visto su desgraciado fin en otras caras, en la desesperación de sus gestos, en las lágrimas que hubieron de dejar aquellos seres, lágrimas que sirvieron de alimento para los hambrientos de poder, de un poder prestado, ocasional, azaroso. Esta injusticia-en el más estricto de sus sentidos- desdibujó la esperanza en este hombre, quitó del infinito de elecciones, la de seguir viviendo…de seguro la más esencial de ellas. Decidir no vivir más, es justamente dejar de decidir, dado que la decisión es una actividad puramente humana. ¿Es entonces esta elección correcta?

Si el problema hubo de ser su libertad, se ha quitado esa carga de encima. Aunque la libertad sea tratada como un verdadero tesoro por el ser humano, ésta es profundamente  un problema, algo demasiado pesado para cargar. ¿Se puede acaso elegir libremente ser esclavo? Sin duda que la operación es libre, pero que importa eso si el resultado es la negación de la libertad. ¿Se habrá sentido este hombre esclavo? Si la opción era escapar para ser libre… ¿habrá elegido la “cicuta” por considerarla más honrosa que el destierro? Entonces quiso ser libre en su patria, pero no pudo. Y de seguro que para él, estar en otra patria era tan esclavizante como permanecer en su lugar. Ver le ocaso se su hogar, hundido en la locura, en las penurias, fue demasiado.

De repente se escuchan ruidos extraños, y una luz extraordinaria envuelve su cuerpo. Comienza a moverse. Las pupilas de sus impresionantes ojos verdes se hacen profundamente oscuras, como poderosos agujeros negros. Aquel puñal que le sirvió de paso hacia el no-tiempo, se ha transformado en una espada, con un acero brillante; con simbologías de quién se anonadó para liberarnos, en oro blanco. Creo que ahora sí se ha liberado completamente. Bien sabe ahora que ser libre es encontrarle un sentido a la vida; y vivir para cumplirlo. Irá allá afuera para cambiar las cosas. Esa espada se cubrirá de sangre ajena, pero será la herramienta para afirmar que a veces de lo malo, de lo trágico…nace algo bueno. El nos liberará de nosotros.

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