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Atrás han quedado los discursos de Cristina Fernandez de Kirchner aludiendo al llamado Pacto Social. Este se puso en práctica en el último gobierno del General Perón, a la manera de una mesa de diálogos conformada por los distintos representantes de grupos autárquicos que conforman la comunidad. Empresarios, centrales obreras, partidos políticos, instituciones religiosas; participaron de estos encuentros.

Nada más distinto de aquellas medidas de nuestro General, se ha hecho hasta este momento, en los primeros meses de gobierno de CFK. Por un lado, desde los ultimos instantes del gobierno de su marido, los acuerdos con los distintos sectores de la economía argentina se dieron por separado, y en especial, con los grupos empresariales más importantes. Con subsidios se pretende mantener los precios de los productos, un error de manual.

Los pequeños productores y las PYMES quedaron lejos de estos acuerdos, lejos de las dádivas subsidiarias. Pero a la hora de imponer retenciones al agro, no se hace ninguna distinción. Error garrafal de la PRESIDENTE.

El principal error, digámoslo con claridad, es desconocer la realidad del campo. Bien distinta a las hectareas del Calafate, que tanto Cristina como Néstor saben adquirir. Cerca del 50 por ciento de las superficies cultivables están en manos de grandes grupos de inversión y empresas extranjeras, enormes latifundios con gran rentabilidad, debido al uso de tecnologías que están lejos de los pequeños productores. Ahora bien. Ante la desigual realidad dentro del espectro agropecuario, el gobierno no tiene mejor idea que aplicar retenciones de manera universal, sin distinguir entre pequeños y grandes.

Tristeza y decepción genera esta realidad, incluso viendo el apoyo de sectores pseudo peronistas que le dan a los Kirchner, en medio de esta contínua entrega del patrimonio nacional. Realidades que fueron combatidas en las dos primeras presidencias del General.

Por otro lado, veámos el ejemplo del Impuesto a las Ganancias. Bien se sabe que este impuesto tiene un mínimo no imponible, que permite cavar una zanja entre los que ganan muchísimo dinero y los que no. Además, mientras mas alta es la renta, mayor es el porcentaje imponible. Estos son los llamados impuestos progresivos.

El caso de las retenciones se puede observar tambien en el IVA (impuesto al valor agregado) donde se cobra un porcentaje universalizado para cualquier tipo de mercancías (salvo excepciones en electrónica o productos exportables) entonces le corresponde el mismo porcentaje (21 por ciento) a quienes ganan 1 millon de pesos y a los que cobran 1250 pesos. Este es el caso de los impuestos regresivos.

Es de vital importancia conocer estas distinciones para no terminar cayendo en los reduccionismos propios de la modernidad, generalizando, como lo hizo CFK en su discurso aludiendo a las protestas como “piquetes de la abudancia”.  Ese discurso con un trajecito de miles de dólares, podría resultar algo hipócrita.

CFK también dijo que con este modelo económico, el sector más dinámico fue el agropecuario, con excelentes retabilidades. Es una verdad a medias, dado que es conocido que gran parte de los pequeños productores todavía se encuentran endeudados con el Banco Nación y no todos pueden acceder como se dijo, a tecnologías que mejoren la productividad del campo.

Pero mas allá de esto, hay que insistir en discriminar a los pequeños y grandes productores, esta es la mejor manera de encontrar soluciones justas para los distintos actores. La presidente dijo que a pesar del paro, se sigue exportando soja y maiz. Habría que ver quienes son los que están exportando, seguramente esos grandes grupos de inversión que eluden parte de las retenciones “dibujando” los registros de exportación.

Sin lugar a dudas el discurso de CFK fue totalmente errado. Generalizador, prepotente, y que rebosaba de resentimiento setentista, de aquellos que fueron echados de la Plaza con justa razón, por pretender traer una lucha campo-ciudad, que es imposible de darse en este país. Reverberancias de sovietismo anacrónico, y un fascismo (o mejor dicho, nacionalsocialismo encubierto) pretendiendo englobar con el mote de “oligarca” a todo trabajador campesino. Los sectores del progresismo siguen insistiendo en dividir a la sociedad entre izquierdas y derechas, cosa absurda por cierto, dado que desde la creación de nuestra nación hasta el momento, la distinción más correcta es la de Federales y Unitarios. Desde el último golpe militar apátrida hasta esta fecha, a la Argentina la gobiernan unitarios.

Más tétrica fue la actitud de D’elia, el amanerado piquetero, que se ofuscó con un manifestante porque este le dijo una gran verdad: “sos un mercenario”. La violenta reacción no se hizo esperar. Los piqueteros de D´elia, “autoconvocados” (con un lindo llamado al celular) buscaba disciplinar a los vecinos de Buenos Aires que salieron con las cacerolas. Esos piqueteros, son una nueva NKVD kirchnerista, para estos momentos de profundas discuciones. Además fue evidente una policía que desapareció y permitió que los piqueteros intenten…¿Recuperar la plaza de mayo? No chicos, eso ya se perdió en el 75. Nunca más. La plaza es de todos.

Grave situación esta, dado que las dos partes quemaron sus puentes de negociación. Y como toda mujer histérica, CFK no va a salir a retractarse. Lo más probable es que haya un tercero que intente acercar las partes. ¿Pero ya no es tarde? Los productores ya pidieron la cabeza del pibe Losteau.

Con imágenes que nos recuerdan al 2001, esta Argentina se debate. ¿Donde está el proyecto nacional? Esa mentira, ese mito creado por los aduladores kirchneristas.  Seguramente donde se encuentran los 800 millones de Santa Cruz, o en el bolsillo de un Gerente de Skanska, o bajo tierra con J. J. Lopez.

La video política ya está en marcha. El salón blanco es el estudio televisivo de este gobierno de estrellas. Pero el rating está bajando. Mucho cuidado, todavía hay gente mirando hacia el Este y esperando el momento oportuno para restaurar las verdaderas banderas.

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