Por Daniel Polaco para el periódico de la Izquierda de los Trabajadores

*Este blog no es de izquierda, como verán. Pero desde nuestro pensamiento revisionista, liberalizador de nuestra patria desangrada, difundimos opiniones claras como la de Daniel Polaco, que denuncia la trampa kirchnerista en favor del imperialismo. Nuestra honestidad intelectual nos obliga a difundir a estos dignos adversarios, que reconocen al enemigo de la Patria.

El conflicto del campo ha provocado una división y una gran discusión en la izquierda. Algunos partidos dicen que la decisión de imponer retenciones móviles que suben y bajan con el precio internacional (pero no en función del tamaño de los productores), fue una medida progresiva, porque significó grabar con mayores impuestos a los productores para frenar la “sojización”.

Que fue una pelea interburguesa, un paro reaccionario dirigido contra los trabajadores y el pueblo. Que fue una movilización dirigida por la oligarquía representada en la SRA, coincidiendo con los principales argumentos del gobierno de los Kirchner. La conclusión fue estar contra el paro, o llamar a luchar contra él.

La confusión de la izquierda revela la ausencia de un análisis de clase del gobierno de los Kirchner, y un desconocimiento y una visión anticuada de la realidad del campo argentino, que mete en una misma bolsa a todos, pequeños, medianos, grandes productores, pools de siembra, sin tener en cuenta el análisis de clase del campo: contra quién fue la lucha, quiénes la llevaron adelante, y con qué programa.

LOS FONDOS DE INVERSIÓN Y LOS POOLS DE SIEMBRA, LOS NUEVOS ACTORES DEL CAMPO

En los últimos años el campo argentino ha sufrido una profunda transformación. La ganadería se ha estancado, al tiempo que se ha desarrollado el cultivo de granos, favorecido por la revolución tecnológica y por el alto precio internacional.

Se trata de un fenómeno mundial: si en los años noventa fue el boom de las privatizaciones, de las empresas de tecnología, de la destrucción del comercio minorista por la extensión de las grandes cadenas imperialistas, a partir del año 2000, los fondos de inversión imperialistas se dirigen a la compra de bienes inmuebles y tierras, sobretodo en los países con grandes recursos naturales, como es el caso de Argentina, Brasil, y en general, el Cono Sur latinoamericano.

Esto ha provocado que los fondos de inversión imperialistas aliados con grupos de la burguesía local se hagan propietarios de decenas de miles de hectáreas para la producción a gran escala de soja, maíz, azúcar y para desarrollar la industria del biocombustible.

En Argentina algunos de estos nuevos mega – terratenientes son CRESUD (grupo Elsztain y grandes propietarios yanquis), ADECOAGRO (George Soros), LIAG (Kahlbetzer, uno de los principales terratenientes australianos) (ver recuadro), que han trastocado la estructura histórica del campo argentino, desplazando a la vieja oligarquía terrateniente de la Sociedad Rural, y sobre todo, destruyendo miles de pequeños y medianos productores, provocando un fenómeno de concentración de la tierra a escalas colosales.

Mientras Luciano Miguens, presidente de la Sociedad Rural, tiene 2200 has en la provincia de Buenos Aires, Grobocopatel, uno de los principales pools de siembra de soja, tiene 18000 propias y 100000 arrendadas.

Al lado de ellos operan las grandes empresas aceiteras, de molienda, los frigoríficos y los monopolios que concentran las exportaciones (Bunge, Cargill, Dreyfuss, Aceitera General Deheza), que compran a los pequeños y medianos productores al más bajo precio posible y que hacen ganancias fabulosas.

Al poseer semejantes cantidades de tierra estos grupos desarrollan una tecnificación del campo imposible para un pequeño o mediano productor. Gracias a la producción en escala que manejan, abaratan los costos de los insumos con altísimos niveles de rentabilidad.

Por eso, el ingreso de estos gigantes imperialistas, ha provocado un encarecimiento de las tierras y de los alquileres. Los medianos y pequeños propietarios ven que sus ganancias se van en los alquileres que pagan, o prefieren alquilar sus tierras en lugar de correr los riesgos de sembrar, al tiempo que su estructura de costos no resiste la competencia de la rentabilidad de los grandes productores.

Se calcula que en los años noventa desaparecieron 100.000 productores agropecuarios. El boom de los precios internacionales permitió un renacimiento de la producción cerealera con una cosecha que va a llegar a 100 millones de toneladas este año.

Esto fue un salvavidas para la pequeña producción agropecuaria: ante los bajos rendimientos de la ganadería, la lechería y otros cultivos, el que pudo sembró unas hectáreas de soja, haciendo revivir los pueblos del interior, la industria agrícola, y todas las actividades que la acompañan – contadores, comerciantes, arquitectos, pequeños profesionales, la clase media agraria.

Pero solo 4000 establecimientos controlan más de la mitad de la cosecha, mientras que 61.300 – el 80% – produce el 20%.

LOS KIRCHNER: REPRESENTANTES DE LOS GRANDES MONOPOLIOS PETROLEROS, SOJEROS Y LA UIA

Un análisis de clase del gobierno de Néstor y Cristina Kirchner es fundamental para entender la situación del campo.

Los Kirchner son los continuadores del mismo modelo exportador de materias primas del menemismo, las multinacionales petroleras y los grandes grupos financieros industriales y agrarios: Repsol – YPF, Techint – Paolo Rocca, Werthein, Eurnekian, UIA, y los grandes fondos inversores monopolistas de la tierra.

El gobierno habla en contra de la “sojización”, pero han sido sus políticas las que han favorecido a los grandes pools de siembra, a las aceiteras, molineras, frigoríficos y exportadores, empobreciendo a los productores lecheros, avícolas, o de otros cultivos.

La medida de aumentar las retenciones de manera indiferenciada para los 60000 pequeños productores de soja fue tomada por Kirchner en las oficinas de Puerto Madero que le presta (gratis) el mayor terrateniente del país: Eduardo Elsztain, el dueño de CRESUD.

En medio del paro agrario Elsztain anunció que ampliaba el capital entre sus socios norteamericanos en 288 millones de dólares para comprar más tierras. “

La demanda de lo que producimos es a tan largo plazo que supera la foto del día”, respondió Elsztain cuando le preguntaron por qué compraba más tierras una semana después del aumento de las retenciones agrícolas.

Roberto Urquía, dueño de Aceitera General Deheza, es el mayor productor de harina y aceite de soja, con puerto y tren privado, senador oficialista que apoyó al principio el aumento de las retenciones, porque, como principal acopiador de granos de soja del país, se beneficia con el negocio de cobrar las retenciones extrayendo millonarias ganancias financieras.

Gustavo Grobocopatel, el principal pool de soja, viajó a Venezuela en el Tango 01 invitado por los Kirchner y Chávez para dar lecciones de cómo hacer negocio con la soja. Este productor declaró con claridad el objetivo de los grandes pools de siembra, que es sacar a los pequeños productores.

El problema, para él, es que el cultivo de soja “está muy atomizado: los 20 productores más grandes no llegan a sumar el 3 por ciento de la producción total (La Nación, 26-03-08).

Ante el paro agropecuario, Werthein (100.000 has), Eurnekian(40.000 has) y otros grandes ganaderos, suplieron el Mercado de Liniers para apoyar al gobierno. La UIA de Paolo Rocca y Techint le dio su total respaldo, lo mismo que Repsol – YPF.

Por eso, la conclusión del especialista Eduardo Azcuy Ameghino es que “el Gobierno no sólo no segmenta (las retenciones), sino que termina apoyándose en los grandes. Los grandes se mueren de ganas de arreglar con el Gobierno”. (www.iade.com.ar, publicado el 19-03-08).

UN MODELO SINIESTRO: QUE LOS PEQUEÑOS PRODUCTORES SUBSIDIEN LOS SALARIOS OBREROS

La economía kirchnerista se basó en un dólar alto y salarios bajos con muchos subsidios a la luz y el combustible para que sus amigos industriales obtuvieran enormes ganancias con la exportación.

Poco a poco los trabajadores fueron consiguiendo mejores salarios con su lucha, tuvieron más capacidad de consumo, empezaron a faltar artículos y subió la inflación.

El modelo kirchnerista de salarios bajos trastabilló, porque los trabajadores empezaron a pelear para subir más los salarios, reduciendo las ganancias de los industriales, exportadores y acopiadores, amigos de Kirchner.

Para mantener el modelo, es de vida o muerte “pisar” el costo de la mano de obra, y para ello es fundamental mantener “pisados” los precios que le paga al pequeño productor por su vaca o su chancho, porque así tiene argumentos para no aumentar los salarios.

Como el gobierno no puede contra la fuerza de los trabajadores organizados que hace subir el salario, quiere que los pequeños productores “subsidien” los bajos salarios industriales, aprovechando su atomización y dispersión.

Al tiempo que plancha los precios del campo, aumenta cuatro y cinco veces los precios de los productos industriales que el campo consume (insumos, tractores, alambrados).

Kirchner anda gritando a voz en cuello contra los pequeños y medianos productores una consigna: “Que no nos quiten el asadito”.

Esta es otra mentira: si aumentaran los salarios para que los trabajadores tengan más capacidad de compra y le pagaran un precio justo a los pequeños productores, estos criarían más vacas, producirían más leche, frutas y verduras. Se detendría la “sojización”, habría más productos y bajaría la inflación.

MENEM DESTRUYÓ LA CLASE MEDIA URBANA KIRCHNER DESTRUYE A LOS PRODUCTORES MEDIOS Y PEQUEÑOS DEL CAMPO

Las políticas menemistas de privatizaciones de los años noventa hicieron desaparecer pueblos enteros y generaron un enorme desempleo, pero por unos años permitieron la prosperidad de un sector de la pequeño burguesía urbana, que se benefició con la convertibilidad y le dio la vuelta al mundo, para luego quebrar.

Los pequeños comercios desaparecieron ante el avance de los shoppings de IRSA, propiedad de Eduardo Elsztain, con quien nos vamos a encontrar nuevamente convertido en gran terrateniente durante la era K, y la clase media perdió sus ahorros en la crisis del 2001.

Ahora está sucediendo lo mismo en el campo, donde una pequeño burguesía se ha beneficiado a caballo del boom sojero y cerealero, pero los nuevos mega terratenientes y pools de siembra que funcionan como topadoras ya están pasándoles por encima para que vendan o alquilen sus tierras.

LAS RETENCIONES: UNA MEDIDA REGRESIVA

Estamos totalmente a favor de imponer impuestos progresivos a los terratenientes y la burguesía, del monopolio del comercio exterior y de que sea el estado quien defina los excedentes exportables, en función de satisfacer en primer lugar el consumo de la población argentina y de las necesidades del país, pero eso no es lo que hace el gobierno de los Kirchner.

Las retenciones indiscriminadas del gobierno K no son un impuesto progresivo contra los más ricos. La decisión del 11 de marzo fue un aumento general igual para todos los productores, que estableció un sistema de retenciones móviles en función de los precios internacionales.

El investigador del Conicet Osvaldo Varsky afirma que “si se quisiera sacar recursos de los grupos más concentrados sería más fácil enfocar la presión fiscal en 4100 productores que devolverles, mediante reintegros, la última suba de retenciones a 61.300”.

Las retenciones son un impuesto a la producción y no a la ganancia: se le cobra al que produce, no al que más gana. Por eso, al ser indiscriminadas, son tan injustas como el IVA, que se le cobra a todos los que consumen, independientemente de su capacidad adquisitiva.

Dice el grupo Fénix, afin al gobierno: las retenciones no permiten discriminar adecuadamente entre productores de distintas áreas y condiciones, problemas que serían resueltos de mejor manera por un impuesto a las Ganancias” (Pagina 12, 5-4-08)”.

Por ser un impuesto a la producción, no se le cobra a ninguno de los que siguen en la cadena de producción: a los acopiadores, a las aceiteras, a los exportadores, como el senador oficialista Roberto Urquía, de Aceitera General Deheza.

Por eso, favorecen la concentración de los grandes pools de siembra, porque el pequeño productor no aguanta la competencia y termina alquilando la tierra.

Además, las retenciones no son un impuesto coparticipable, ni son votadas por el Congreso sino basadas en una ley de la dictadura de Onganía, que van a la caja del gobierno para pagar la deuda externa al FMI o subsidiar a los grandes grupos industriales, mientras que en los principales pueblos sojeros faltan acequias, acueductos, hospitales y escuelas.

Por eso, es falso que las retenciones sirvan para redistribuir el ingreso. Por donde se lo mire, la medida del 12 de marzo no fue progresiva: no se dirigió contra los 4000 grandes propietarios sino contra los 60000 pequeños productores, para no atacar a los grandes fondos de inversión imperialistas con un impuesto progresivo en función de su rentabilidad y su tamaño, y no sirven para redistribuir los ingresos, sino que son la caja del gobierno para pagar la deuda externa y subsidiar a los grandes empresarios amigos.

EL CARÁCTER DE CLASE DEL CONFLICTO: UN PARO DE LOS PEQUEÑOS Y MEDIANOS PRODUCTORES Y DE LA PEQUEÑA BURGUESÍA AGRARIA.

Si el aumento indiscriminado de las retenciones no fue una medida progresiva, la lucha contra esta decisión gubernamental por parte de los pequeños y medianos productores era justificada, pero causa confusión ver que el paro agrario salió como una medida de cuatro entidades del agro: SRA, CRA, Coninagro y FAA.

Solo si entendemos las grandes transformaciones del agro y el surgimiento de los megaterratenientes de los fondos de inversión imperialistas, podemos comprender la dinámica del paro. Si los oligarcas de la SRA, que han apoyado cuantos golpes militares ha habido, salieron al paro, fue, en parte, para hacer su propio negocio, resolver el problema de la carne, bajar las retenciones, pero fundamentalmente porque también se han visto desplazados y afectados por el ingreso de los nuevos y gigantescos actores.

La enorme presión de los pequeños y medianos productores provocó una división de las clases dominantes, entre los grandes productores, incluida la SRA, y los nuevos grandes terratenientes, los monopolios exportadores, molineros y frigoríficos. Esto facilitó la irrupción de los pequeños y medianos productores de la FAA y autoconvocados.

Ciertamente no fue un paro del sindicato de peones rurales. Empezó como un paro de los pequeños y medianos productores que se beneficiaron en los últimos años con el boom de la soja, pero que ahora están amenazados de desaparecer ante el empuje de los grandes pools, pero se fueron sumando cientos de miles de pequeños productores (fruticultores, tamberos, algodoneros, pequeños ganaderos, avicultores), agregando sus propias reivindicaciones.

El paro se fue extendiendo desde las regiones más prósperas de la Pampa Húmeda, hasta las más alejadas y pobres (Salta, Chaco, Santiago del Estero, Río Negro).

Se calcula que hubo 1000 cortes y entre 400 mil y un millón de personas que se volcaron a las rutas, arrastrando a toda la clase media que vive del campo: médicos, contadores, veterinarios, maestros, y comerciantes de los pueblos, verdaderas puebladas que durante 21 días paralizaron el país, con asambleas permanentes continuación de las asambleas del 2001 y heredadas de la lucha contra Botnia, enfrentando a la Gendarmería y a los piquetes de camioneros de Moyano.

El paro no fue en apoyo a la oligarquía terrateniente. Esto corresponde a una visión atrasada cincuenta años del campo argentino. Por el contrario, se dirigió contra el gobierno de los grandes monopolios agropecuarios como el grupo Liag y Eurnekian en el Chaco, donde los cortes de ruta fueron de 5000 personas.

Urquía, dueño de Aceitera General Deheza en Córdoba, fue silbado en las asambleas de Jesús María, y un día antes del anuncio de las medidas, la FAA realizaba un mitin frente a la exportadora Dreyfuss por el escandaloso negocio que hicieron con el trigo.

La consigna central del paro de la FAA no fue la reducción indiscriminada de las retenciones, sino justamente lo que el gobierno no quiere hacer: imponer retenciones segmentadas y subsidios y compensaciones para los pequeños productores, el mismo programa que la FAA le había presentado al gobierno el año pasado.

“Si el gobierno hubiera negociado esa oferta con FAA antes de anunciar las retenciones móviles, habrían quedado aisladas desde un comienzo la verdadera oligarquía de la Sociedad Rural y también CRA”, escribe Maximiliano Montenegro (Crítica, 04-08).

El otro dato fundamental es que, a pesar del desabastecimiento, la mayoría de la clase obrera simpatizó con el paro.

UN GOLPE AL MODELO EXPORTADOR DE MATERIAS PRIMAS Y DE PENETRACIÓN IMPERIALISTA DEL MENEMISMO Y DEL KIRCHNERISMO

El conflicto fue un golpe al modelo menemista – kirchnerista exportador de materias primas y de penetración de los grandes fondos de inversión y las multinacionales imperialistas reventando a los pequeños productores, a su estrategia económica de acumular superávit fiscal gracias a una brutal presión impositiva, para pagar la deuda externa y subsidiar a los sectores empresarios amigos.

Pero lo fundamental es que fue un golpe al corazón de la política antiobrera del kirchnerismo: mantener bajos los salarios a costa de los pequeños productores atomizados, para favorecer a sus amigos industriales, exportadores y acopiadores.

El paro de la FAA y los autoconvocados rompió esa lógica siniestra, al terminar con la dispersión del pequeño productor y mostrarle la fuerza de la lucha y la organización, y provocó la ruptura de la clase media del campo con el gobierno por el que votó masivamente en 2007, la caída en picada de la popularidad de Cristina y la apertura de una grave crisis política, allanando el camino para que la clase obrera salga a la lucha por aumentos salariales y para unir las luchas del campo y la ciudad.

Por eso es falso que el paro haya sido contra los trabajadores asalariados, lo mismo que dice el gobierno cuando paran los hospitales o los docentes.

Ha terminado el mes de tregua pactado entre las cuatro entidades y el gobierno, con el anuncio de un principio de acuerdo en trigo y carnes y algunas promesas, y con la reanudación de las medidas de movilización y las asambleas por parte de los pequeños y medianos productores.

El gobierno tuvo que aceptar por primera vez el criterio de la FAA de retenciones segmentadas, como resultado de lo cual, los productores de las regiones más desfavorecidas verán reducidas las retenciones al 26, 27 y 29%. Pero la gran parte de las exigencias de los pequeños y medianos productores quedaron sin atender.

LA CLASE OBRERA Y LAS LUCHAS DE LAS CLASES MEDIAS

Las organizaciones de izquierda coinciden en general en tener una política para los peones rurales y para el campesinado pobre, pero discrepan a la hora de tomar posición frente a los productores medios, a la clase media y a los sectores populares que son arrojados a la crisis por la voracidad de los monopolios.

Los que hicieron estos cortes de ruta son la expresión rural de la clase media urbana en bancarrota como producto de diez años de menemismo, de los mismos que hicieron piquetes en 2001, muchos de los cuales tenían ahorros de cien, doscientos mil o más dólares, con casas y propiedades, que prestaron dinero en hipotecas o se hipotecaron para comprar casas.

EN ESE MOMENTO LA IZQUIERDA LOS DEFENDIÓ DEL ROBO DE LOS BANCOS Y DEL ESTADO.

Hoy, algunos partidos de izquierda atacan a los pequeños y medianos productores, diciendo que de Angelis y la FAA son “mascarones de proa” de la Sociedad Rural. Con esto, lo único que hacen es emblocar a los pequeños y medianos productores con la SRA, actuando como d’Elia o Moyano, alejándolos de la clase obrera y de sus luchas.

Otros confunden al pequeño o mediano productor de la FAA con la “patronal sojera”, lo cual equivale a confundir al dueño de tres departamentos en la capital con Elsztain, dueño de todos los shoppings.

Este desconocimiento de la realidad del pequeño y mediano productor conduce a un error sectario en la actual coyuntura, y de graves consecuencias hacia el futuro: si la clase obrera quiere liderar una lucha revolucionaria en un país atrasado y con un gran peso de la producción agraria como Argentina, tiene que atraer no solo a los peones rurales y los campesinos más pobres, sino a una mayoría de los pequeños y medianos productores de la FAA, o cuando mínimo neutralizarlos, en la mejor tradición leninista.

Coincidimos totalmente en las críticas a la conducción de la FAA, que ha sido una de las principales responsables de no unificar la lucha contra el gobierno, porque hasta hace poco Bussi apoyaba a los Kirchner, porque aún en plena tregua, cuando no hay nada resuelto, fue a la posesión del nuevo ministro de Economía, y porque continúa negociando en secreto con las otras tres entidades.

Pero esa crítica no nos lleva a la actitud sectaria de rechazar la lucha. Al contrario: tenemos que apoyarla para meter una cuña entre los pequeños y medianos productores y la SRA, convencerlos de unirse a los trabajadores urbanos para luchar contra la inflación y los impuestazos, por aumentos de salarios en la ciudad y su equivalente en el campo, que son los precios justos para sus productos.

Los trabajadores no se tragan el cuento del gobierno: no quieren la quiebra de los productores agropecuarios, no los culpan por la inflación, ni quieren comer asado gratis mientras que ellos regalan sus vacas y su trigo.

Son los intermediarios, los grandes monopolios comerciales y exportadores los que pagan miserias al productor, para sacar grandes ganancias. El gobierno es el que quiere mantener sus precios bajos, para bajar los salarios y garantizarle a sus industriales grandes beneficios.

Nosotros queremos que todos ganen bien: los trabajadores y los pequeños y medianos productores, que éstos tengan crédito barato, maquinaria e insumos baratos, arriendos baratos de la tierra, para que así haya más productos para alimentar a las familias obreras.

UNA POSICIÓN EQUIVOCADA

El paro del campo ha provocado un verdadero terremoto en la izquierda. Un sector ha ido a la Plaza del Mayo como el Partido Comunista, acompañando a d’Elía y la burocracia sindical de Moyano.

Otro sector, que no apoya al gobierno, cree, sin embargo, que aumentar las retenciones sin segmentar, fue una medida progresiva dirigida contra los oligarcas de la SRA y que era necesario defenderla del ataque de la derecha, coincidiendo en esto con d’Elía, el PC y Moyano.

Los Kirchner atacan a los oligarcas de la Sociedad Rural, pero no desde la trinchera de los pequeños productores o de la clase obrera de las ciudades, sino desde la oficina del fondo de inversión de Elsztain en Puerto Madero.

Es un grave error caer en la trampa, porque de esta manera se termina capitulando, ya no a la dirección de una lucha, sino al gobierno de Kirchner, de las multinacionales y los fondos de inversión imperialistas, continuidad del modelo menemista.

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