El Salvador

El pasado 15 de Marzo se dio un gran paso en El Salvador, para la consolidación de la democracia, después de un siglo XX marcado a fuego. Mauricio Funes, un periodista que se volcó a la acción política, fue elegido presidente del país caribeño. Candidato del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) pudo construir la imagen de un político de izquierda moderada, frente al candidato de la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) Rodrigo Ávila, que se perfilaba como un liberal conservador. El FMNL consiguió el 51,3 % de los votos y ARENA el 48,7%.

No es casualidad que sean estos dos partidos los que se enfrentaron en estas elecciones, dado que funcionaron como facciones durante los últimos 40 años. ARENA, ligado a los sectores liberales de las Fuerzas Armadas salvadoreñas y el FMNL con una historia de germen marxista a la que, en la década de los 70’s, se le suman la visión de la Teología de la Liberación y el Vaticano II, principalmente divulgadas por el obispo Oscar Arnulfo Romero, mártir de América. En su discurso de victoria, Funes afirmó: “dedico mi ascenso al poder a un santo que ilumina al pueblo salvadoreño, a nuestro obispo mártir Monseñor Oscar Arnulfo Romero“, y siguiendo con la retórica pastoral aclaró que gobernará con la Constitución de la República y la Biblia, “porque no se puede dirigir sin la inspiración de Nuestro Señor Jesús”.

Es importante recalcar esta visión de “izquierda”. Por un lado, es lógica, dado qué tan solo el 1% de la población salvadoreña es indígena -en franca oposición a lo que sucede en Bolivia-  y la gran mayoría son mestizos. Por otro lado, fue Centroamérica un “epicentro” de las reformas eclesiales post Concilio Vaticano II y es en ese marco donde el obispo Romero toma importancia, hasta su asesinato el 24 de Marzo de 1980, perpetrado por un francotirador de la ultraderecha gobernante. De ahí en adelante Romero se transforma en la figura icónica de la “opción preferencial por los pobres” de la Iglesia Católica.

La izquierda y la derecha, son categorías europeas, por lo tanto inaplicables desde lo científico en América Latina. Sin embargo, dejando pasar este importante detalle, resulta chocante la unificación de criterios entre la izquierda y la Iglesia, al menos para los argentinos acostumbrados a una izquierda que sigue siendo burguesa, urbana y anticlerical. En El Salvador, diversos grupos católicos como la Legión de María o los Caballeros de Cristo fueron movimientos apostólicos impulsados por Romero en defensa de las comunidades rurales. Desde allí surge una unidad de criterios, en especial, el de rescatar de la pobreza a millones de compatriotas que sufrían el escarnio de terratenientes cafeteros.

Después de una Guerra Civil que duró 12 años  (1980-1992) se firmó un acuerdo de paz en Chapultepec, Méjico, con los representantes de las dos facciones enfrentadas: ARENA y FMNL.  El período democrático gobernado por ARENA dejó resultados macroeconómicos y sociales catastróficos: el porcentaje más rico de la población se llevaba el 45 % de la riqueza del país, mientras que el más pobre, solamente el 5,6%.  Durante 2001 se emprendió la dolarización de la economía, limitándose así la intervención del Estado en el sector económico con su propia moneda. La Guerra Civil y las políticas neoliberales hacen que El Salvador no pueda todavía igualar su PBI, obtenido durante los 70’s.

Un dato alentador es que en los últimos años se han fomentado los sectores de manufacturas (especialmente textiles) y de servicios.  Pero tal transformación repercute en su Comercio Exterior: el 66 % de su producción tiene como destino los Estados Unidos, y el 44 % de su importación es de origen norteamericano. Por otro lado, El Salvador depende notoriamente de las remesas de los cerca de 3 millones de compatriotas que viven en EEUU. Son 4 mil millones de dólares que ingresan todos los años, el 18 %  de  su  PBI.

Es por eso que el Presidente electo Funes, más astuto que  izquierdista, ha dicho que sus principales políticas en materia de relaciones internacionales, serán las de profundizar los acuerdos con los EEUU (El Salvador ya tiene un TLC con ese país) además de recomponer relaciones con Cuba, Taiwán y China. Respecto al Oriente, es primordial, dado que sería una buena oportunidad para la industria salvadoreña el intercambio comercial.

Me identifico más con el modelo brasileño que con el venezolano, pero quiero buenas relaciones con todos”, declaró el periodista y político salvadoreño. De esposa brasilera, Funes admira el modelo carioca. Su intención es solidificar la democracia en su país, y purgar al Estado de los tantos puestos políticos y parasitarios que han copado los amigotes de ARENA.

Se iniciará a partir de ahora el primer gobierno de izquierda en El Salvador. Una izquierda que intentará tener su propia identidad centroamericana y de acuerdo a las necesidades reales de los salvadoreños.  Si Cristo lo ilumina, Funes no dará ese “salto al vacío” que provoca la falta de prudencia. Los salvadoreños ya lo experimentaron en su propio pellejo durante 12 sangrientos años. Es hora de escuchar los lamentos de la Patria.

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