construccion
El intelectual argentino mira la realidad que tiene delante y suele no entenderla. Por ello acude al catálogo de categorías explicativas traído del extranjero…” Arturo Jauretche

EL UMBRAL en cambio, convocó a militantes del pensamiento nacional para que pongan su intelecto al servicio de la Argentina, con la finalidad de investigar nuestro pasado como nación para fortalecer nuestro presente como pueblo, aportando a un nuevo modelo argentino los ejes que nutren nuestra identidad y emergen de las herencias y vigencias de los que habitaron nuestra tierra. El desafío es lograr que la lucha por la idea vuelva a ser un sentimiento, y nos convoque a militarla.

El muro en umbral (de cambio). Los argentinos, todos, tenemos que reconocer que ya nos movemos en el marco de catorce siglos de historia, con siete proyectos nacionales recorridos. Y que somos los dos personajes básicos de cada proyecto: el protagonista y el antagonista(1).  

Construir el modelo argentino demanda como tarea previa derribar el muro que nos impide ver y asumir toda nuestra historia, todo nuestro territorio y el del continente del que somos parte. Muro que presenta la miseria como inmodificable, que nos limita a una lógica urbana y a la visión productiva del proyecto del 80, el de una Argentina circular que concentrada en la pampa agrícola ganadera dio espaldas a su interior y al resto de Suramérica. Muro que separa, que divide.

Este conjunto de investigaciones que en esta obra colectiva se desarrollan se propone convertir el muro en umbral de cambio para que lo que hasta ahora nos limita o separa nos una, para que lo que nos hiere se suture, para que reconozcamos todo nuestro pasado – el que nos gusta y el que nos disgusta- para consolidar el presente proyectando el futuro. Umbral que transpuesto por los que habitamos este suelo convierta el egoísmo en altruismo, la miseria en bonanza, en camino común el proyecto de los argentinos.

Próximos al bicentenario de la revolución de Mayo debemos asumir que tenemos por lo menos 1.400 años de historia y que hemos transitado siete proyectos de país diferentes, reflexión superadora del corsé ideológico que también a modo de muro intenta acotar nuestro pasado a la historia de los últimos 200 o a lo sumo 500 años, cuando en el mejor de los casos incluye la colonización española.

Porque

Toda la historia es nuestra historia. Todo el pasado es nuestro pasado. Aunque a veces preferimos quedarnos con sólo una parte de ese pasado, seleccionando ingenua o engañosamente una época, una línea, unos personajes; queriendo eludir tiempos, ignorar hechos y omitir actuaciones. (2)

Nos proponemos superar lugares comunes que ven la historia como un simple anecdotario, que confunden plan de desarrollo (cuantitativo) con proyecto de país (cualitativo), para desde la identidad que brota de nuestra tierra aportar al argumento o partitura para actuar y el discurso para entender la realidad.

¿Qué es el crecimiento?, ¿Qué entendemos por desarrollo?, ¿Con cuál desarrollo lo comparamos? Seguir creyéndonos que somos europeos, que los argentinos “descendemos” de los barcos, que el marco ideológico real es excluyentemente el euro anglo céntrico, es un muro que debemos convertir en umbral de liberación, transitando y asumiendo la propia práctica y el propio pensamiento, mestizo y situado.

La Patria, insistimos, tiene catorce siglos de historia, herencia que no puede ignorarse ya que contiene nuestra cultura liberadora, define nuestra personalidad social y nutre nuestra propia visión superando la auto céntrica de los países dominantes.

Las investigaciones que presentamos son producto del pensamiento y orientación del filósofo argentino Gustavo Cirigliano, de quien hemos asumido como punto de partida la estructura de análisis que en su libro “Metodología del Proyecto de País” formula:

Somos siete proyectos y los siete son nuestros: son nosotros, No podemos seleccionar los hechos que nos gusten y desechar los ingratos…”. “Cada proyecto histórico, político o nacional (utilizamos los términos con similar significación) reacomoda, reorganiza, revalora los hechos según el nuevo significado que conforme a sus valores centrales adquieren. Así, si la Geopolítica es la reorganización de la geografía de siempre para hacer una nueva historia, cada Proyecto de País produce un reordenamiento espacial; en verdad sólo se da geopolíticamente en relación con un Proyecto Nacional, nunca en abstracto” (3).

Es claro que cuando un país o un individuo no deciden su proyecto vital se ve condenado a vivir en el proyecto de otro o en una suerte de existencia banal, no elegida, que lo sepamos o no, lo aceptemos o lo neguemos, es lo que desde 1976 nos pasa a los argentinos.

Para los países con muchos siglos, su pasado (que es historia) es la fuente para la reflexión y para el análisis de su problemas. Para los pueblos con escaso pasado, o con poco pasado reconocido como tal, la historia se vive más como un futuro, como algo a realizar, como un proyecto”. (4)

El muro que oculta toda nuestra historia es funcional a asumir otras historias y no la propia. Así como la realidad territorial y espacial Argentina y suramericana es absolutamente diferente a la europea, el pensamiento abstracto euro anglo céntrico formula propuestas excéntricas a nuestra realidad, a nuestra identidad y a nuestra conveniencia.

“…un país al ser el despliegue de un proyecto asumido, puede ser comparado con una semilla, un fértil código genético que se va adaptando inteligentemente y superando las variadas circunstancias en razón de la idea/ideal que lo moviliza

El modelo es una elaboración intelectual que un pensador, un político o un grupo propone; cuando esa propuesta/modelo es querida (decisión de la voluntad) se convierte en proyecto. Nuestro pasado, agrega Cirigliano, registra varios modelos propuestos y proyectos queridos.

Manuel Belgrano, José de San Martín, Juan Bautista Alberdi, Domingo Faustino Sarmiento, Juan Perón, proponen modelos algunos convertidos en proyectos, como el que para el Proyecto del Ochenta inspira Alberdi, otros no, como el de la Argentina fluvial que Sarmiento propone bajo la denominación de Argirópolis, y el del Modelo Argentino propuesto por Perón el 1º de Mayo de 1974.

El esquema que ordena esta revisión plena de la historia conforme secuencia de proyectos asume lo que Rodolfo Kusch plantea cuando exige deslimitar el pensamiento parcializante que hoy tenemos y que no se anima a pensar el todo, terminando por eliminar lo que teme integrar.

Nos preguntamos ¿acaso no fue proyecto el de los habitantes que poblaron nuestro suelo desde el año 600? ¿Aceptar las visiones y categorías auto céntricas conducen a negar el carácter volitivo de quienes vivieron antes de la conquista hispana? ¿Aceptamos que eran seres inferiores? Y en ese caso, ¿inferiores a quién?

No asumir nuestra identidad impide asumamos nuestra ontología, no nos reconozcamos y no advirtamos el mestizaje biológico y cultural que se constata desde por lo menos hace 14 siglos y en los primeros habitantes de nuestra tierra, antes de la colonización hispana y del ingreso de corrientes migratorias de otros continentes. Porque en definitiva desaparecer nuestro pasado niega nuestra personalidad social e impide seamos libres.

Todo el pasado es nuestro pasado y no una porción de él elegida a nuestro antojo. Porque si no ¿de quién será ese pasado que existió pero es negado?, nos desafía nuestro filósofo Gustavo Cirigliano, a la vez que propone investigar el pasado de la Argentina como proyectos que se sucedieron, algunas veces autónomos o en busca de serlo, otras dependientes, con aspectos positivos o negativos, pero que no pueden eliminarse ya que aunque nos guste o no son nuestros.

Debemos tener presente que

Cada época tiene su espiritualidad y es riesgosa esta práctica histórica posmoderna de interpretar los distintos proyectos de país, que, a su manera expresaron el espíritu de una época, con la eticidad y las sabidurías de otra. Aunque reconozco que es difícil eludir esta lógica, ya que ella a menudo nos atrapa. En este caso los textos comparados nos permiten advertir las diferencias profundas que las proyecciones, en su capítulo cultural, contienen, a partir de cosmovisiones, mostrando también sus utopías y escatologías” (5)

Asumir el estudio del antiproyecto lleva indubitadamente a acreditar que se trata de un primer proyecto totalizador de proyectos, el que justamente por ser un anti-proyecto niega todos los proyectos, constituyendo un agujero negro donde se hunden todos los proyectos. Salir del antiproyecto demanda la tarea que EL UMBRAL asume, retomar la propia historia –toda- para recuperar la posibilidad de proyectar y de organizar.

Paradójicamente, el antiproyecto es el primer intento coherente de asumir la totalidad de la historia, pero en forma negativa. Es una totalización negativa. El octavo proyecto debería asumir esa misma totalidad de los proyectos anteriores, en forma positiva” (6)

Todo Proyecto Nacional es “modelo” y “contra modelo” para los proyectos nacionales que habrán de seguirle (principio Nº 11 de Metodología del Proyecto de País), de allí que el antiproyecto es contra modelo en tanto nos suministra experiencias y consecuencias negativas a evitar en el futuro.

Salir del antiproyecto da razón al esquema propuesto por Gustavo Cirigliano y justifica la revisión total de nuestra historia, negada, desaparecida por el modelo de sumisión incondicionada, que equivale a la esclavitud personal y anula toda posibilidad de argumento propio de vida histórica y pone en manos ajenas aún la decisión acerca de la continuidad como Nación.

La secuencia de Proyectos de País vividos cuya revisión se aborda es la siguiente:

  • Proyecto de los habitantes de la tierra (600-1536), porFrancisco José Pestanha.
  • La Argentina hispana o colonial (1536-1800), por Mario Casalla.
  • Las Misiones Jesuíticas, o la República Cristiana (1605-1768), por Catalina Pastuso.
  • Independentista (1800-1850), por Hugo Chumbita.
  • El Proyecto del 80 (1850-1976), por Jorge Bolívar.
  • El Proyecto de la Justicia Social (1945-1976), por Oscar Castellucci
  • El Proyecto de la sumisión incondicionada al Norte imperial y globalizador (1976 – …), por Armando Poratti.

Para la construcción del Proyecto octavo es legítimo rearmar la historia tal como lo hizo a su turno el proyecto del ochenta, cuando resignificó el pasado en función del proyecto que propiciaba. Liberarse impone reescribir la historia rescatando la ignorada, superando el limitado eje que pretende que la Argentina nació en 1810.

El desafío es contactar e integrar los 14 siglos de nuestra historia y sus siete proyectos, analizándolos, contextualizándolos y describiendo su forma organizativa, para que la información valorada constituya el cimiento para el Proyecto Octavo. EL UMBRAL rescata la herencia que contiene nuestra cultura liberadora, define nuestra personalidad social, nutre la propia visión y es liberadora. Que no puede ignorarse

Marco ideológico (categorías euro anglo céntricas)
El Proyecto del Ochenta definió que la organización nacional argentina debía estar orientada a desarrollar el modelo civiliza torio europeo, lo que concretó a través del sistema educativo cuyos resabios siguen vigentes. Todo funcional a que sigamos aceptando como verdad irrefutable una realidad ajena.

“¿Queremos plantar y aclimatar en América la libertad inglesa, la cultura francesa, la laboriosidad del hombre de Europa y de Estados Unidos? Traigamos pedazos vivos de ellos en las costumbres de sus habitantes y radiquémoslos aquí” (Alberdi, Lasa Bases, Cáp. XV). (7)

Es tiempo de advertir que la Revolución Francesa de 1789 y la Revolución Bolchevique de 1917 que generan las categorías sociológicas liberales y marxistas, respectivamente, si bien describen la realidad de los países centrales respecto de los cuales se desarrollan, no dieron ni dan cuenta de los fenómenos suramericanos, ya que lo que aquí esta en juego no son meras clases, sectores o intereses. Lo social y económico está profundamente imbricado en elementos culturales, étnicos e históricos.

La economía política (inglesa –llamada clásica-) desde el siglo XVIII se basa en la división de la vida socioeconómica de las naciones en tres categorías: Tierra, Capital y Trabajo (Adam Smith), con sus respectivas retribuciones: renta para el factor tierra, interés para el factor capital y salario para el factor trabajo. Categorías aceptadas como “naturales” al orden de la revolución industrial capitalista por Carlos Marx.

Factores de producción que, en realidad, no son tres ni están divididos de esa manera, ni la retribución que reciben, desde el punto de vista social ofrece un carácter justo y equitativo. El trabajador es una categoría integral que actúa en todas las categorías económicas, tema no menor ya que es justamente el trabajador el enemigo explícito del antiproyecto.

Plexo ideológico que omite dar visibilidad al capital puramente financiero (especulativo) lo que hace al no diferenciarlo del capital aplicado a la actividad industrial (productivo), también funcional al antiproyecto.

Aportes sustantivos con los que (nos) provoca y convoca en su investigación Jorge Bolívar al poner en evidencia la necesidad de apelar a nuevas categorías que desarrollen un marco teórico conteste a la realidad, la nuestra.

Adam Smith y la economía política inglesa, llamada clásica, que todavía se estudia como “verdadera” en nuestras universidades del área, parcela y oculta la verdadera dimensión del trabajo, pero también confunde al ocultar la diferencia entre la actividad puramente industrial y la actividad puramente financiera, amparándolas a ambas en la misma categoría (8).

A su vez, Marx ofrecerá como opuestas las categorías socio-económicas de los Propietarios (burgueses) y los Proletarios, los cuales también acotan la figura del trabajador sólo a la clase obrera industrial; ocultando también la diferencia entre el emprendedor industrial y el capitalista financiero.

Aceptada la lógica que sostiene que venció el capitalismo y ello produjo el fin de la historia, producida la perestroika, la reestructuración de la Unión Soviética, la caída del muro de Berlín, el ingreso de China al mercado, irrumpen las “centro” izquierdas y derechas, pretendiendo ser el aggiornamiento ideológico producto de la inevitabilidad del modernismo lo que deriva en lo que denominan nuevo (neo) liberalismo y socialismo, ambas profundamente mercadocéntricas.

Entropía y antiproyecto.
Sin conciencia de lo que somos no somos verdaderamente, sino con un ser prestado. Es una obligación pensar desde sí. No hay substituto. No se compran “modelos de país” en un supermercado internacional. Aún cuando algunos arguyendo –sucesivamente- el fin de Dios, del hombre, de la ideología, de la historia, ofrezcan tentadoramente “últimos modelos” a supuestos precios de liquidación bajo la amenaza de perder la última oportunidad, enseña Cirigliano:

Pensar desde sí, para ser uno mismo, es liberarse. Despojarse de lo ajeno, deseducarse. El pensamiento ajeno, cuando uno no es libre, no ayuda, ocupa -desalojándola- nuestra posibilidad de pensar lo nuestro desde nosotros mismos. (9)

El antiproyecto es entrópico, tiende a nuestra desorganización. Nace por la sedición y la usurpación del poder de quienes decían que venían a organizar, autodenominándose engañosamente “Proceso de reorganización nacional”, fraude comunicacional con el que mantiene y camufla la vigencia de lo especulativo sobre lo productivo, como cuando para garantizar el negocio de los bancos denomina ley de solidaridad a la que despoja a los jubilados, o de flexibilidad a la que en realidad precariza el empleo para facilitar los despidos de los trabajadores.

Si el antiproyecto que padece la Argentina no es, en definitiva, sino un dispositivo de una configuración mundial de los mercados financieros especulativos que se desarrolla en detrimento, inclusive, del propio capitalismo productivo, su “enemigo” último, lo que necesariamente debe destruir, no será, por supuesto, la “subversión” ni el “comunismo”, ni tal o cual ideología o partido, ni el sistema democrático como tal, etc. etc., sino aquello que es lo diametralmente opuesto a la especulación, esto es, el trabajo. (10)

La propia visión y la superación de dogmatismos que esconden remozadas formas de dependencia, impone apelar a nuevas categorías de análisis. Lo que inicialmente conduce a diferenciar lo que denominaremos concepciones mercadocéntricas (neo socialistas y neo liberales) de las pueblocéntricas que, más allá de su denominación formal, tienen como objeto y sujeto al pueblo y sus necesidades.

Las mercadocéntricas, que expresan los intereses de lo que se denomina “aldea global” contienen otras categorías que denominaos especulativas y que diferenciamos de las productivas, que hacen centro en el trabajo del pueblo.

Remarcando finalmente como categoría abarcadora del conjunto lo público que más allá de quien lo gestione expresa lo que es de titularidad social, de la comunidad, y que se diferencia lo privado, de titularidad particular y por lo tanto sustraído a la propiedad colectiva.

Parece claro que el antiproyecto es profundamente mercadocéntrico, especulativo en desmedro de lo productivo, y que por convertir en negocio los derechos (salud, seguridad social, etc.) y los bienes sociales (recursos naturales, servicios públicos, etc.) sostenidamente desplaza lo público (lo de todos) a favor de lo privado, privando del uso de lo común al pueblo para facilitar el beneficio de muy pocos (concentración). Lo que identifica por oposición (natural) los ejes sustantivos del Proyecto de País pendiente: lo público, lo productivo y lo pueblocéntrico. Categorías que si bien son actuales podemos deducir de las formas organizativas que en toda nuestra historia se dieron los pueblos en cada proyecto.

Los proyectos transitados, vigencias y herencias.
La familia es un pilar básico de la organización comunitaria en nuestros primeros habitantes. Será familia extendida en los Guaraníes, Tehuelches y Mapuches, nuclear y extensa en los Diaguitas, Omaguacas y Atacamas. El culto a la madre tierra (Pachamama) es el eje central de la economía de los pueblos del NOA. El pueblo trabaja en actividades agrícolas, ganaderas, textiles y metalúrgicas.

El Pacto como institución entre iguales es pilar de la organización familiar y herramienta fundante de las relaciones políticas internas y externas, aliándose para faenas económicas y para la guerra.

El sincretismo religioso y el mestizaje preexisten a la colonización española. La armonía con la naturaleza es el legado ecológico que nuestra personalidad biológica y culturalmente mestiza debe asumir. Mal que pese a quienes para europeizarnos pretenden que los argentinos “descendemos” de los barcos, los marcadores genéticos (halogrupos mitocondriales) de nuestros primeros habitantes acreditan una herencia –vía linaje materno- que llega a superar el 50% en muchas regiones de la patria.

Del Proyecto Colonial Español heredamos la Fe y la lengua, la conformación de un sistema educativo incipiente (Cabildos, parroquias), la gestación del ganado cimarrón que será base del recurso natural que se potenciará en nuestros campos, Buenos Aires como epicentro político geográfico.

Las Misiones Jesuíticas nos legan la organización del trabajo comunitario, el respeto a la identidad de la persona, la potenciación de las propias aptitudes y capacidades, la satisfacción de las necesidades sociales, una forma de comunidad organizada y el primer código de trabajo (Ordenanzas de Alfaro). La primera Universidad de la Argentina, la Universidad Nacional de Córdoba, cuyos libros luego se incorporarán a la primera biblioteca pública, fundada por Mariano Moreno y que se convertirá en la actual Biblioteca Nacional. La acción de evangelización inculturada que permitió rescatar y valorar la religiosidad popular, así como el culto mariano, a la Virgen de Luján, a la Virgen del Milagro en el NOA, a la de Caacupé en Misiones, que se extiende hasta la Virgen Morena en México, conteniendo un mandato unitivo (lo femenino) continental.

Del proyecto independentista heredamos la conciencia de la prioridad de la independencia, la liberación de la dominación externa, las demandas por la emancipación y derechos de todas las clases sociales y la idea de la revolución como modelo de cambio social. Como también el ejemplo de la movilización de todos los sectores del pueblo por la causa común, la concepción de la misión del Ejército como defensa de la patria, la solidaridad con los países suramericanos del mismo origen, el federalismo como forma de organización del Estado, el liderazgo de los movimientos populares y la figura del gaucho como símbolo de la libertad y la rebeldía nacional.

La principal vigencia heredada del Proyecto del 80 es el Estado Nacional argentino construido en esos años con instituciones que se organizan en función de un sistema político presidencialista. Sistema que sigue vigente, aunque ha sufrido varias rupturas realizadas por golpes de estado militares, y un “tembladeral jurídico político” producto de la abrogación de facto de la Constitución de 1949, y el incumplimiento de los preceptos de protección social.

Si bien se puede considerar una herencia valiosa la preocupación de construir una nacionalidad patriótica, una herencia negativa es la idea de construir poder en base a profundas dicotomías político-sociales que han dificultado y dificultan todos los necesarios intentos de oxigenar los sectores políticos con una cultura de unión nacional básica, y una ideología liberal totalitaria argentina que no admite, en la práctica, ni siquiera rotaciones de poder democráticas teorizadas con otros valores culturales y con otros proyectos de país, que utiliza el Proyecto del 80 como modelo de “dependencia inteligente”, sirviendo a la idea de que es mejor ser socio económico cultural al servicio de una política imperial que enfrentarla para servir a una doctrina propia de liberación nacional que procure satisfacer a la totalidad del pueblo y no sólo a una relativamente pequeña clase alta de nivel adquisitivo internacional.

Otra vigencia problemática, también heredada del Proyecto del 80 es la falsa opción –enconada por la concepción bélica de las distintas formas de expresar el poder terrateniente y agrario de los productores rurales – entre el campo y la industria.

El erróneo conflicto que ha separado durante décadas al campo de la industria y que ha dificultado un desarrollo económico argentino más armonioso y, por ello mismo, más poderoso, debe ser superado, y constituye – sin duda – una de las bases posibles de un nuevo proyecto nacional.

Otra vigencia con herencia, en este caso positiva, nace de los esfuerzos de construcción de una nacionalidad argentina que, si bien en forma tardía decidió exaltar nuestra latinidad, reconoce su nexo con Europa, pero lo hace con aquellas culturas, valores y regiones que nutren genéticamente nuestra actual población nativa (las inmigraciones españolas e italianas).

El Proyecto de la Justicia Social nos deja como herencia y vigencia la identidad e integración nacional y latinoamericana como valor, y la felicidad del pueblo como motor de realización. El trabajador es el sujeto y la comunidad organizada a través de las organizaciones libres del pueblo el marco de la democracia real. Aporta una propia ideología nacional, el Justicialismo, e institucionaliza los derechos sociales y la titularidad popular de los recursos naturales en la Constitución de 1949. Conforme la práctica de nuestros primeros habitantes concreta en 1974 el Pacto Social entre iguales (CGT, CGE y Gobierno). Asume la visión geopolítica interna y continental, aportando a la configuración de la Tercera Posición como modo de alineamiento ajeno a la bipolaridad emergente de la guerra fría entre EE.UU. y la URSS.

El Proyecto de País se incluye en la currícula educativa. Concreta la alfabetización plena, expande la matrícula secundaria, deroga los aranceles universitarios, crea la Universidad Obrera. La educación, la salud, la vivienda, el trabajo digno, la protección a la niñez y la ancianidad son un derecho real. Se institucionaliza el estado de seguridad social, financiado por el pleno empleo y la productividad nacional.

El conductor político de ese proyecto reconociendo la mayoritaria expresión del mismo, anotaba que:

En países como el nuestro, de abundancia extraordinaria, no puede tolerarse la desgracia, el hambre y la miseria en medio de la opulencia” (11)

En suma, al rescatar de toda nuestra historia la forma en que nos organizamos, en que nos proyectamos, en que vivimos, lo que hemos sucintamente narrado en base a los primeros avances aportados por los investigadores que tienen a cargo cada etapa, acredita que nuestro fin deliberado es asumir y revertir lo que Jauretche decía cuando afirmaba que:

El intelectual argentino mira la realidad que tiene delante y suele no entenderla. Por ello acude al catálogo de categorías explicativas traído del extranjero…

EL UMBRAL en cambio, convocó a militantes del pensamiento nacional para que pongan su intelecto al servicio de la Argentina, con la finalidad de investigar nuestro pasado como nación para fortalecer nuestro presente como pueblo, aportando a un nuevo modelo argentino los ejes que nutren nuestra identidad y emergen de las herencias y vigencias de los que habitaron nuestra tierra. El desafío es lograr que la lucha por la idea vuelva a ser un sentimiento, y nos convoque a militarla.

Víctor Santa María         Daniel Di Bártolo         Horacio Ghilini José      Luis Di Lorenzo
Sec. General SUTERH    Sec. Gremial SADOP      Sec. General SADOP     Presidente IMA

Notas

(1) Cirigliano, Gustavo F. J. “Metodología del Proyecto de País”. Editorial Nueva Generación, noviembre de 2002

(2) Ob. cit.

(3) Ob. cit.

(4) Ob. cit.

(5) Bolívar, Jorge. Ver investigación Proyecto del Ochenta

(6) Poratti, Armando. Ver investigación Proyecto de la Sumisión Incondicionada al Norte Imperial.

(7) Cita tomada de Metodología para el Proyecto de País.

(8) Bolívar, Jorge. El Proyecto del Ochenta.

(9) Cirigliano, Gustavo F. J. “Porque preciso luz para seguir”.

(10) Poratti, Armando. Proyecto de la Sumisión Incondicionada al Norte Imperial.

http://www.sitioima.com.ar

(11) Perón, Juan Domingo, Obras completas, Editorial Docencia, Buenos Aires 2002

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